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El Negocio del Subsidio: Consorcios Gasolineros en Quintana Roo se apropian de 104 MDP semanales sin bajar precios

Mientras el Gobierno Federal implementa de manera semanal esquemas de estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para contener la volatilidad internacional de los combustibles, un análisis financiero de la operación en Quintana Roo revela una cruda realidad de mercado: el beneficio multimillonario del erario sacrificado no se traduce en un alivio directo al bolsillo del consumidor, sino en una inyección masiva de liquidez para los márgenes de ganancia de los permisionarios.

Con un padrón oficial que asciende a 259 estaciones de servicio distribuidas estratégicamente en polos de alta densidad turística y comercial como Benito Juárez (Cancún), Solidaridad (Playa del Carmen) y Othón P. Blanco (Chetumal), el impacto económico de estos acuerdos fiscales adquiere dimensiones monumentales.

La matemática del ahorro: 104 millones a la semana

Bajo el esquema actual de estímulos que condona porciones significativas del gravamen por litro de combustible, una estación de servicio estándar que comercializa un promedio conservador de 12,000 litros diarios experimenta un alivio fiscal en su costo de adquisición de aproximadamente 350,000 a 400,000 pesos por semana.

Al extrapolar esta cifra a las 260 gasolineras que operan en territorio quintanarroense, el monto total del recurso federal que la Federación deja de recaudar en beneficio del sector privado alcanza una cifra escandalosa de entre 90 y 104 millones de pesos cada siete días.

Este capital no se dispersa equitativamente: en el mercado gasolinero de la entidad, un porcentaje mayoritario de los permisos comerciales se concentra en manos de consorcios regionales, redes de franquicias y grupos empresariales con múltiples sucursales. Para estos corporativos, el acuerdo representa una acumulación de utilidades protegidas de varios millones de pesos por consorcio en un solo ciclo semanal.

El vacío legal: Precios liberados, subsidio retenido

La gran contradicción estructural del modelo radica en su diseño operativo. Al encontrarse los precios de los combustibles completamente liberalizados en el país, las estaciones de servicio no tienen ninguna obligación legal de transferir el estímulo fiscal al consumidor final bajando el costo en las bombas.

En consecuencia, cuando Hacienda reduce o condona el cobro del IEPS para evitar un impacto inflacionario generalizado, los dueños de las gasolineras compran el combustible a un costo considerablemente menor, pero mantienen precios competitivos o elevados al público. Esto les permite apropiarse de un margen extraordinario de ganancia financiado directamente por la renuncia hacendaria de ingresos públicos.

El costo de oportunidad para el erario

Ese flujo de más de 100 millones de pesos semanales que Quintana Roo experimenta en condonaciones fiscales y que se replica a escala nacional representa un costo de oportunidad directo para las finanzas públicas. Son recursos que el Estado deja de percibir y que, bajo una óptica de estricta rendición de cuentas, terminan subsidiando la rentabilidad de un sector empresarial que opera sin una contraprestación obligatoria de ajuste de precios en favor de la ciudadanía.

Mientras las grandes marcas gasolineras blindan sus finanzas bajo el paraguas de los acuerdos federales, el consumidor final continúa enfrentando precios elevados en las estaciones, evidenciando que el subsidio ideado como escudo social opera, en los hechos, como un blindaje financiero para los magnates del combustible.

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