Crónica de las 24 horas en las que CJ casi rompe con la 4T

Realidades.- La columna de hoy hará una relatoría de las muy tensas 24 horas que se vivieron luego de la represión policial del pasado lunes en Cancún. La razón de la crónica tiene que ver más con el futuro que con el pasado. De la lectura del texto, quedará en claro cómo en esas 24 horas se tomaron decisiones que afectarán, para bien o para mal, lo que va a venir en los próximos meses. 
El texto es más amplio que lo de costumbre, porque así lo demandan los propios hechos. 
Esta es la historia.
CRÓNICA 
La tarde del lunes 9 de noviembre, el gobernador Carlos Joaquín no podía creer las imágenes que veía en las redes sociales sobre la represión policial a manifestantes en la plaza de la Reforma de Cancún. Había dado una orden terminante de que no se iba reprimir, bajo ninguna circunstancia, la manifestación. Su olfato político le decía que una crisis muy compleja se avecinaba. 
Esa misma mañana, en una reunión de gabinete, Mara Lezama había dado una orden similar. 

“No importa si pintan todo o si alguien rompe cosas; no se va a reprimir”, dijo. 

Las imágenes de esa noche la sumieron en un honda confusión; parecía una película de terror. Intuyó de inmediato que mucho de lo que estaba pasando se había gestado en uno de esos míticos sótanos siniestros de la política. Estos pocos años en la actividad política le hicieron entender que las casualidades no existen. 
Cuando los hechos se calmaron, empezó a llegar la información a la alcaldesa. Con el paso de las horas, esa información fue encontrando puntos en común: hubo una suerte de operación para “liberar el Palacio Municipal”, dejar que un grupo de vándalos que nada tenían que ver con la marcha rompan todo (hay varios identificados de Playa del Carmen) y luego reprimir. Había una evidente intención de golpear a su Gobierno. 
La alcaldesa comenzó a analizar la situación y su respuesta. Hizo varias llamadas; una de ellas fue con el presidente nacional de MORENA, Mario Delgado. Le explicó las responsabilidades policiales y la situación.
“Te apoyamos presidenta. Dime cómo”, le dijo Delgado.
“Ahora prefiero que no escale el conflicto. Pero gracias por el apoyo”, dijo Mara.  
Allí empezó a sentir que no estaba sola. 
Al mismo tiempo, Carlos Joaquín analizaba la situación. El entorno del gobernador se ha convertido, quizá como casi todos en esa situación, en un ambiente de “halcones” y “palomas”. 
Los “halcones”, los duros, casi festejaban la inminente caída de Mara. Son los que sueñan con una recuperación electoral milagrosa del joaquinismo en 2021. Las “palomas”, los moderados, veían con mucho menos júbilo los hechos. No entendían cómo alguien podía pensar que el gobernador quedaría fuera del costo político que significaba esa represión. Y mucho menos entendían porqué festejar la potencial caída de Mara. 
Al filo de la medianoche, había casi un acuerdo tomado de que se iba a separar del cargo a Alberto Capella. Habría una investigación, y luego Capella volvería a su lugar. El gobernador estaba convencido (y lo está aún) de que Capella no es culpable de la situación. Pero algo había que hacer. 
Sin embargo, la situación iba a dar un giro inesperado minutos más tarde. 
LA GUERRA DE LOS VIDEOS 
Las noticias nacionales y locales hablaban de Cancún y de Mara Lezama. Nada más. Todo el peso del conflicto estaba recayendo sobre la alcaldesa. Las señales cada vez más claras que le llegaban, con respecto a que los ataques habían sido orquestados, enojaron a Mara. Decidió no hacerse cargo sola de un problema que, mínimamente, tenía varios culpables. 
Poco después de la medianoche, la alcaldesa subió a sus redes sociales un video en el cual dijo que la Policía Estatal era la responsable del operativo, y que ella no tenía ninguna policía a su cargo. El efecto sería devastador. 

Carlos Joaquín enfureció cuando oyó las palabras de Mara en ese video. De inmediato, le habló por teléfono a la alcaldesa. Fue la discusión más fuerte que han tenido desde que se conocen. Mara nunca había oído ese tono de voz en Carlos Joaquín. 

“Me echaste la culpa”, le dijo el gobernador, sin esconder su enojo. 
“No, gobernador. Yo sería incapaz de hacer eso. Nunca lo he dañado. Sólo dije que la policía municipal es parte del Mando Único, y es la Policía Estatal la que toma las decisiones. Y eso es cierto y lo dice el convenio”, respondió la alcaldesa.
“El convenio es muy claro, dice Mando Único Municipal; esa responsabilidad es irrenunciable”, insistió Carlos. 
“¿Entonces cuando hay buenas noticias la que manda es la Policía Estatal, y cuando hay problemas la policía vuelve a mi mando?”, dijo Mara.  
Los minutos siguientes fueron muy tensos, y la conversación terminó sin acuerdos. 
Una hora más tarde, el gobernador emitió un video durísimo, en el cual culpaba directamente a la policía municipal, y específicamente a su director, Eduardo Santamaría, de dar la orden de disparar al aire para dispersar la manifestación. Le pidió públicamente a Mara que cesara de su cargo al funcionario. 
Era un paso arriesgado y casi impropio del actuar normal del gobernador, en el límite del atropello de funciones. 
En el entorno amplio del gobernador hubo una sorpresa mayúscula. Ese hombre desencajado, enojado, no parecía Carlos Joaquín. 
Un ex funcionario suyo, que lo conoce bien, explicó esa situación con una metáfora muy clara. “Mara le disparó con una pistola, y Carlos le respondió con un misil, destruyendo todo”. 
LAS HORAS MÁS OSCURAS 
En la madrugada, después de ambos videos, todo fue confusión en ambos bandos. 
Un estrecho aliado político del gobernador analizaba. “La razón de ser del Mando Único es el control de Capella sobre todas las policías municipales. Lo dijimos siempre. ¿Cómo explicar ahora que esto no es responsabilidad suya?”. 
Los “halcones” pugnaban por hundir del todo a Mara. Y aprovechaban el enojo del gobernador para imponer sus criterios de enfrentamiento. Las “palomas”, por más de que daban vueltas y vueltas a la estrategia, no entendían la ganancia de ese enfrentamiento. 
Un astuto aliado político del gobernador lo analizaba así. “Esa relación está sellada, y por el bien de los dos debe seguir, contra viento y marea”. Cualquier otro escenario, sería caótico. 
Alguien, incluso, puso las cosas en blanco y negro. La caída de Mara no significa la posibilidad de un renacer electoral del jaoquinismo, el PRD o el PAN, en Cancún.
“Si Mara cae, la candidata natural a Cancún es Marybel. Nosotros, en uno u otro caso, seguimos 3 a 1 abajo de MORENA. ¿Para quién estamos trabajando entonces?”, decía. 
Otro fue más allá. “¿Qué otro proyecto tenemos?”, preguntó. 
Fueron las horas de mayor confusión, porque en ambos entornos había voces que llamaban a la guerra. 
Mara habló con sus referentes naturales en Palacio Nacional, y les explicó la situación. Hubo un consenso básico: lo mejor es no pelearse con el gobernador, pero si hay que hacerlo, estamos contigo, le dijeron. 
PALABRA DEL PRESIDENTE
 
En las primeras horas de la madrugada, Mara le envió al consejero jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer, una fecha técnica sobre los hechos ocurridos. Esa ficha contenía los datos ya explicados: qué es el Mando Único, cómo se distribuyen las facultades, y todas la señales sobre una operación política que instigó la violencia policial. 
En la mañana, mientras la alcaldesa mantenía una conversación privada, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió a los hechos de Cancún. Era el momento de la verdad. Cuando Mara lo oyó, literalmente el alma le volvió al cuerpo. 
Las palabras de AMLO en la “mañanera” fueron las que cambiaron el rumbo de todo. A pesar de que los medios oficiales y oficiosos locales minimizaron o tergiversaron esas palabras, el gobernador, que es un político criado y añejado en la vieja liturgia priísta, no necesitó ningún intérprete para entender al presidente. 
El dictamen de López Obrador era más que claro: la policía municipal está bajo el Mando Único Estatal; el gobernador debe investigar y dar una respuesta hoy mismo; si no lo hace, entran la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Fiscalía General de la República. 
Por decirlo en pocas palabras; o se actuaba de inmediato, o era casi la puerta a un infierno político.  
Las palabras del presidente decían cosas concretas y abrían escenarios menos claros, pero no por eso inexistentes. Uno de esos escenarios lo leyeron las “palomas”. Una guerra con Mara es una guerra contra la 4T y el Presidente. La opción era irracional.
Allí empezó a componerse todo. 
MENSAJES DE CONCORDIA 
Luego de oír al Presidente, Mara hizo lo que debía hacer. Llamó al director de la Policía Municipal, Eduardo Santamaría, a su oficina. 
“Señora presidenta, yo le aseguro que no di la orden de disparar, y hay testigos de eso”, le dijo el jefe de policía municipal. 
“Te creo”, le dijo la alcaldesa, “pero el gobernador me pidió públicamente tu renuncia, y no puedo hacer otra cosa”. 
“La entiendo”.  
Un par de horas más tarde, la alcaldesa y el gobernador se vieron cara a cara por primera vez desde los hechos. El ambiente ya era otro entre ellos, pero aún había tensión. Volvieron a discutir las mismas cosas, pero con otro tono de voz. 
“Ya saqué a Santamaría, aunque estoy segura que él no dio la orden. Pero soy institucional y respetuosa. Ahora, todo está en sus manos gobernador”, dijo Mara.  
“¿Y cual es tu idea?”
“Yo no puedo decirle qué hacer gobernador”. 
Los dos sabían muy bien de qué estaban hablando. El nombre de Capella estaba en el aire, ni siquiera hacía falta pronunciarlo. 
Carlos Joaquín analizó con su gente las posibilidades y las diversas opciones para actuar, pero, la verdad, eran muy pocas. No había forma de deslindar a Capella de los hechos. El Mando Único, creado ad hoc para él, lo proponía como el jefe absoluto de todas las policías. 
La verticalidad de mando y el régimen casi militarizado de su tropa, hacían inadmisible que desobedezcan una orden suya. Si se desobedeció, hay algo que algo no funcionó. La imagen hacia afuera es que su control se rompió en un momento muy delicado. La decisión de su salida la había tomado la misma dinámica de los acontecimientos. Sólo había que ponerla en palabras. 
En la tarde noche, Carlos Joaquín volvió a citar a Mara Lezama a una reunión. Allí le comunicó que había decidido separar de su cargo a Capella. 
“Creo que tomó una buena decisión gobernador”, le dijo Mara. 
Ambos coincidieron en una realidad que ya se hacía notar demasiado: Capella había ido perdiendo poco a poco el apoyo de figuras centrales de la estrategia de seguridad de la 4T. Su salida iba a descomprimir ese escenario. 
Más calmos, con la relación recompuesta, el gobernador y la alcaldesa hablaron de otras cosas. Quizá a ambos les quedó claro que para que esa alianza política no se rompa, habrá que hacer algunos ajustes. Aun así; las desconfianzas entre uno u otro bando han crecido. Y han crecido mucho.  
Cuando a la mañana siguiente el Presidente López Obrador felicitó a Carlos Joaquín por su decisión de separar del cargo a Capella, todo volvió a acomodarse en su lugar. 
Habían pasado 24 horas tensas, en las cuales Carlos Joaquín estuvo a un paso de romper su principal vínculo con la 4T. Con todo lo que eso significa. 

Fuente: La opinión

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