El plan de García para traer agua del Río Pánuco gana fuerza entre industriales

Realidades.- Lo asumen como una oportunidad para terminar de una vez por todas con la escasez de agua. Crece la densidad poblacional. Historia de un flagelo.

Los primeros intercambios en el círculo empresarial sobre la reactivación del plan de traer agua del Río Pánuco son alentadores para la administración de Samuel García.

Una tesis que crece en las últimas horas entre los hombres de negocios es que el gobernador tiene la oportunidad de resolver una omisión histórica en el Estado.

Rodrigo Medina había afrontado este drama pero la acción se deslegitimó al incluir a la constructora Higa (favorita del sexenio de Enrique Peña Nieto) y al querer contraer una deuda escandalosa de 62 mil millones de pesos.

El derecho para traer agua del Pánuco está aprobado desde 2008 por Conagua. A esa base resta incorporar un proyecto transparente y profesional que puede ser afrontado por Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila y que puede resolver una problemática de cara a las próximas generaciones. En definitiva, materializar lo proyectado en la década del 80 por el ex gobernador Alfonso Martínez Domínguez.

Para el poder económico resolver la falta de agua se vuelve apremiante, sobretodo porque en los últimos años varios mandatarios estatales y municipales prometieron que con diversas obras este flagelo terminaría y no ha sido así.

A esto se agrega que antes las oleadas migratorias la población de la zona metropolitana ha crecido. Hace cinco años la población crecía en un rango de 90 mil personas al año pero ahora ese número se eleva hasta las 185 mil por año y ya supera los 6 millones de habitantes.

Hace 40 años, un tercio de los 2.3 millones de neoleoneses no contaban con servicio de agua. Cuando llegó la sequía, se suscitó una verdadera crisis, en la cual gente desesperada bloqueaba las avenidas de la ciudad con tina en mano, exigiendo agua. El gobierno bombardeaba nubes con yoduro de plata y contrataba a danzantes para convocar la lluvia.

Fue apenas en el año 2000, que se logró darle servicio prácticamente a todos, en parte, por el proyecto Monterrey IV que arrancó en 1990 con la construcción de la presa El Cuchillo.

Ese proyecto que toma agua del Río San Juan creó graves problemas con Tamaulipas porque de él se abastecía la presa Marte R Gómez, de la cual depende el Distrito de Riego 26(DR 026) del estado vecino. Por eso, el gobernador Jorge Treviño firmó un acuerdo en 1990 que estipulaba que el agua de El Cuchillo debía satisfacer también al DR 026.

Pero cuando Sócrates Rizo se volvió gobernador, en medio de otra sequía se negó al trasvase de agua que se había pactado, iniciando una batalla política con Tamaulipas, la Federación y los tribunales. Rizo sucumbió a las «heridas de guerra» y renunció a su gubernatura 1996.

Corolario: el agua de El Cuchillo sigue poniéndose en disputa cada que hay sequía y enfrentando a los estados vecinos. «¿Pero por qué seguir luchando si tener un objetivo en común los puede unir?», es la pregunta que flota por estas horas entre el empresariado.

En lugar de pelear por el agua con los estados vecinos, todos podrían salir bien librados con un megaproyecto sin sobreprecios ni excesiva deuda. 

Fuente: LPO

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