El largo camino hacia el sufragio femenino

Realidades. – Los primeros países del mundo concedieron a las mujeres el derecho a voto a finales del siglo XIX. Desde 1948, el sufragio es un derecho humano universal. En Suiza, sin embargo, los hombres negaron este derecho a las mujeres hasta 1971. ¿Por qué tardaron tanto?

Fue después de la Guerra Fría, cuando las últimas mujeres suizas conquistaron por fin sus derechos políticos. El Estado tuvo que emprender la vía judicial para que en el cantón Appenzell Rodas Interiores, donde se votaba a mano alzada en la plaza pública según una antigua costumbre, las mujeres tuvieran voz y voto.

Hacía veinte años que las mujeres de Appenzell ya podían votar a nivel federal, aunque respecto a otros países, Suiza tardó mucho en aprobar el sufragio femenino. Un derecho que los hombres suizos les concedieron solamente en 1971.

Un factor determinante fue la opinión generalizada de que a las mujeres tenían otros menesteres que atender que no fueran la política: los carteles de los adversarios del sufragio femenino mostraban a niños desatendidos, que se habían caído de la cuna o llorando frente a una puerta cerrada, chupetes infestados de moscas y solteronas escuálidas y desaseadas. El temor era que si las mujeres se dedicaban a la política, descuidarían las labores domésticas y la crianza de los hijos.

Pero los suizos no fueron los únicos hombres que compartían tales puntos de vista.

Y tampoco fue porque las suizas no reivindicaran su derecho a participar en la vida política. El movimiento feminista en Suiza nació a mediados del siglo XIX. En 1868 la ginebrina Marie-Goegg Pouchoulin fundó la Association internationale des femmes, una organización feminista internacional extremadamente radical.

En 1886, durante una gira de conferencias por todo el país, la escritora Meta von Salis denunció reiteradamente la desigualdad de trato que sufrían las mujeres. En 1896 tuvo lugar en Ginebra el primer congreso nacional de mujeres. Y una de las principales reivindicaciones era el sufragio femenino.

Si la Primera Guerra Mundial fue determinante en otros países europeos que reconocieron la valiosa contribución y el esfuerzo de las mujeres durante los años del conflicto, las suizas no tuvieron la misma suerte. Los primeros intentos de lograr la igualdad política a nivel cantonal fracasaron. En Suiza, el sufragio femenino ni siquiera fue aprobado después de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando en 1957 el Gobierno propuso una alternativa civil al servicio militar obligatorio para las mujeres, la indignación fue mayúscula. En Unterbäch, un pueblo del cantón Valais, las mujeres organizaron una votación de protesta de la que se hizo eco la prensa internacional. Las mujeres de Unterbäch fueron las primeras suizas que introdujeron una papeleta en las urnas – aunque posteriormente, su voto fue declarado nulo.

Mientras que en otros países fueron los representantes elegidos los que aprobaron la introducción del sufragio femenino, en Suiza los “privilegiados” tuvieron hacer de tripas corazón para reconocer a las “excluidas” sus derechos democráticos – una lucha que se repite hasta hoy en día. Quién entra en la definición de “pueblo”, es siempre una cuestión de negociación.

Finalmente, las cosas comenzaron a cambiar poco a poco: algunos pueblos suizos introdujeron el sufragio femenino, y luego siguieron el ejemplo los cantones de Vaud y Ginebra. En la década de 1960, entró al ruedo político una generación de activistas que, en lugar de conformarse con hacer lobby y tejer una buena red de contactos en los círculos masculinos, decidieron sublevarse.

En Zúrich, cada año las asociaciones de mujeres conmemoraban con antorchas el día que les habían sido denegados sus derechos – las más jóvenes protagonizaban sentadas y bloqueaban el tráfico. En 1969 las protestan se extendieron a todas las generaciones y llegaron a la capital del país, Berna, para reivindicar el derecho de las mujeres a participar en las decisiones políticas.

Solamente un año antes, el Gobierno había querido firmar el Convenio Europeo de Derechos Humanos – pero con una cláusula que excluyera los derechos políticos de la mujer. Fue tal la ola de protestas, que el Consejo Federal decidió convocar una nueva votación popular. Y esta vez, en 1971, dos tercios de los votantes hombres dijeron que sí.

Con esta votación histórica, sin embargo, no se resolvieron todos los problemas de las mujeres. Hasta 1976, las mujeres no podían aceptar un trabajo sin el previo consentimiento de sus maridos. Y la violación dentro del matrimonio no se tipificó como delito hasta la década de 1990. Pero a partir de la votación de 1971, las mujeres pudieron luchar por una mejor situación desde los diferentes parlamentos, a nivel cantonal y federal.

Fuente : Swissinfo

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