El BOA, reacción de élites privilegiadas, periodistas e intelectuales que perdieron estatus: Lorenzo Meyer

Realidades.- Para el historiador y columnista Lorenzo Meyer Cossío, el documento firmado por el autollamado Bloque Opositor Amplio no dice nada nuevo, son opositores que están a la vista de todos, y como no tienen el apoyo del Ejército operan “por las vías político-legales”, aunque de los nombres mencionados “ninguno sobra, faltaron”, asegura.

Los intelectuales firmantes del BOA, dice, “se están convirtiendo en defensores del antiguo régimen” como aquellos ‘de alto rendimiento’ de la calle de Berlín. La oposición de periodistas al gobierno es por haber “perdido privilegios y estatus”, pero “no se les está coartando su libertad de expresión”, algunos como Salinas Pliego se sienten todavía de la élite gobernante. “Ya no hay periódicos que defiendan al gobierno, ni La Jornada. Por lo pronto, López Obrador ha “toreado” bastante bien a Trump”, considera.

Diego Ríos

-El panfleto del BOA fue presentado sin dar a conocer su origen, ¿existen elementos para determinar que su contenido es real?

El documento no nos dice nada nuevo, no hay ningún secreto ahí. ¿Que si existió una persona o un grupo desde la oposición que lo elaboró? No se necesita ser un genio para elaborarlo. Cualquiera con conocimiento de la coyuntura política mexicana lo hubiera podido elaborar, usted, yo. No hay algo que no sepamos. Políticamente es claro que México está divido en tres: un sector que llegó al poder y apoya el proyecto de Andrés Manuel López Obrador; otro que permanece indiferente; y está el polo de oposición donde se mezclan derecha, centro e izquierda. La mente que ideó esto no es la de un sabio, es la de una persona con cierto sentido común, nada más.

¿Buscaría esa oposición tener el apoyo del Ejército, y hacer lo que en Chile en 1973? Probablemente, pero no lo tienen, entonces deben conformarse con las vías políticas legales, aglutinarlas y lanzarse. Tienen el apoyo de una parte del empresariado, y eso también está contemplado, ahí vemos que la COPARMEX difunde comunicados de prensa un día sí, y otro día también, mostrando su inconformidad con cualquier cosa que proponga el gobierno.

– La mayoría de los comunicadores incluidos en el panfleto optó por mofarse del Presidente, ¿esa burla, es un escudo para los aludidos?

–Desde luego todos dirán: ‘No, yo soy gente seria y no ando con este tipo de maniobras’. ‘Yo tengo un gran nombre y me basto solo para enunciar mis posiciones políticas’. ‘No necesito de BOAS para mantener mi lugar en la discusión política de México’. Si quien hizo el documento les consultó, yo creo que no les consultó a todos, en caso de que exista esta mente, personaje o grupo de personajes, ciertamente leyó sus artículos, y éstos son, aunque le faltaron, pero de los que ahí están, ninguno sobra.

–Varios de ellos dijeron que al haberlos mencionado, se atentaba en contra su libertad de expresión, y que su integridad física estaba en riesgo.

–No veo un ataque a la libertad de expresión. No se les atacó antes, no se les coartó ahora, y espero no se las coarten sus libertades en el futuro. No lo veo como un ejemplo de coartar libertades de expresión, sino como una maniobra política en la que ellos se han metido. ¿Para qué son intelectuales públicos y están sistemáticamente atacando al gobierno? A la hora de hacerlo, también aceptan implícitamente el costo de que se les responda, pero no veo que se les haya coartado ninguna libertad ¿o usted sí? No se les coartó nada, incluso se les dio más publicidad de la que algunos merecen.

– Los comunicadores aludidos han sido funcionarios públicos, asesores gubernamentales o fueron privilegiados con pautas publicitarias, y en este gobierno ya no es el caso, ¿ésta pérdida de privilegios tiene que ver con su discurso opositor?

– No veo ninguna otra explicación. Estas colaciones de derecha se presentan como una forma de defender privilegios pasados, algunos son, o pueden ser contantes y sonantes. Que sus revistas tuvieran subsidios, pero no sólo tiene que ver con el recorte a sus ingresos, sino el hecho mismo de que un ‘movimiento plebeyo’, lograra el apoyo de quienes no entran en el proceso político más que como masas manipulables. Esta vez llegaron al poder gente sin pedigrí, que no vienen de clases medias altas, o privilegiadas.

Incluso, aquellos que se mostraban críticos con el PRI o el PAN, tenían un lugar, ahora para algunos el mayor agravio es que los ignoren, y ellos que se sienten una clase, que de manera indirecta ejercía poder, o influía sobre el poder, y ahora ya no se les toma en cuenta, se evidencian heridos. A ellos no los eligieron en las urnas, a ellos los eligió su dinero y nos gobiernan desde ahí, por eso Salinas Pliego puede decir, “no le hagan caso al subsecretario de Salud”, y uno se preguntará ¿y ese quién es? “Yo, Salinas Pliego, tengo tanto dinero, empresas, una televisora y les digo ‘por ahí no, eh’”, da órdenes y se siente parte de la elite gobernante.

Y cuando ya no obtienen ese reconocimiento por parte del nuevo grupo en el poder, o ven disminuida su influencia, se sienten agraviados, es entonces cuando surgen los grupos conservadores afectados, y arman un discurso donde le niegan legitimidad al otro, y a pesar de que él ganó las elecciones, buscan desacreditarlo con argumentos como: “Vean su educación y su forma de vivir. No tienen mundo, no hablan inglés. Están llevando al país a la ruina, somos el hazmerreír del mundo pues ni los zapatos llevan boleados”, y cuestionan “¿Fueron a Harvard, al MIT?, ¿Adónde fueron? ¡No me digan que fueron a la UNAM!”. No sólo es una pérdida de ingresos, es también una pérdida de estatus, y para algunos de los aludidos eso es lo principal.

– Cuatro nombres de los incluidos en el BOA podrían considerarse intelectuales, ¿cuál debería ser el papel del intelectual en una transformación como la que transitamos?

– El papel que siempre debió jugar el intelectual público, es el de la inconformidad sobre la situación existente, y la propuesta. Estamos hablando de ése en particular que ha logrado, no una especialización, sino que tiene una opinión muy general sobre lo que importa a la sociedad. Su papel estaba más o menos claro en la medida en que había un régimen autoritario. Ahora con la democracia hay un cambio, pero las estructuras sociales son las mismas que existían antes. Actualmente, sus argumentos no superan el que según ellos: “No se hicieron las pruebas suficientes para el Covid; no hubo una debida preparación ante la pandemia; o no están actuando bien en la lucha contra el crimen organizado”, cuando lo más complicado de México se encuentra en su estructura social. En realidad, se están convirtiendo en defensores del antiguo régimen, pero en eso, cada quien es responsable del camino toma.

– El periodista Jacinto Rodríguez Munguía concluye en su último libro que el filósofo e intelectual, Emilio Uranga, fue pieza clave en el sexenio de Luis Echeverría para sembrar un discurso afín al régimen. ¿Algún intelectual mexicano estará desempeñando ahora ese papel para los intereses de la oposición?

– Uranga fue muy, muy inteligente, y muy apegado al poder autoritario que representó Echeverría. Él es un ejemplo de alguien que pudo haber jugado un papel distinto de manera sobresaliente, pero eso no le hubiera redituado en términos contantes y sonantes, lo que sí le redituó su servicio a determinados intereses ideológicos. Actualmente, sí cabe esa posibilidad, ya se habló de una casa en la calle de Berlín, donde intelectuales ‘de alto rendimiento’ (risas), ¡que definición más interesante! ¿Qué querrá decir eso? ¿Habrá otros de bajo rendimiento?, tiene que haberlos, sino, no se explica eso. Ahora ¿cómo se están financiando? Quién sabe, ahorita nadie más que ellos y un grupo muy pequeño lo sabe. Uno lo sospecha, pero no hay posibilidad objetiva de decir ‘de aquí provienen sus ingresos y su forma de vida, misma que no se explica sin estar subvencionada por el gobierno’. Hay que voltear a ver hacía los empresarios.

¿A qué le atribuye que en este sexenio la oposición de los medios aumentó en relación a los pasados gobiernos?

Ahora sí hay pluralismo, libertad de prensa y se le disminuyeron los recursos a los medios desde el gobierno. En el Maderismo El Imparcial resintió que le quitaran los recursos con que el Porfiriato lo alimentaba. En ese entonces la prensa se hacía para el público que leía, clases medias y altas. Hoy, la prensa ha perdido mucho, buena parte de los mexicanos no la leen, les basta con los resúmenes que llegan a sus teléfonos. A los periódicos esto les afectó muchísimo, disminuyeron páginas y abreviaron el staff. Hay medios con enorme de cantidad de opiniones, pero no de verdaderas noticias. La prensa ha perdido, y la televisión ni se diga. La televisión era controlada por el gobierno, nació como creatura de un sistema autoritario. Y las revistas ni qué decir, ¿de cuándo acá esas revistas que sólo podían mantenerse por los ingresos obtenidos del erario, ahora reaccionan heridas y afectadas tanto en su parte material, como en su prestigio? Lo interesante es que en la actualidad, como sucedió en el Maderismo, no hay un solo periódico que defienda al gobierno, ni La Jornada.

– ¿Existen similitudes entre la estrategia planteada en el BOA con otros manuales elaborados para derrocar gobiernos en el pasado?

– La pregunta es buena, es pertinente, pero no creo que la respuesta vaya por el camino sugerido. Los golpes al tipo de gobierno que tenemos, siempre se dan en colaboración con el Ejército. Éste documento del BOA no contempla una maniobra de esa naturaleza, sino que pone el énfasis en llevar el uso de los instrumentos legales hasta donde le sea posible a la oposición. Es una gama de campos políticos donde se busca unificar lo que en el año 2018 no pudieron. Ahora, aprendieron la lección y dejaron las diferencias históricas.

– ¿Cómo influye en este escenario la relación positiva entre los presidentes López Obrador y Trump?

– Sí influye, porque la idea era crear una presión desde los Estados Unidos como se hace contra Nicolás Maduro en Venezuela, pero por ahora y de manera sorprendente, Andrés Manuel ha toreado a Trump bastante bien. En el realismo político de un país periférico como México, que tiene de vecino a la mayor potencia del mundo, debe tener mucho cuidado con ella. No podemos cambiar la posición geográfica a nuestra nación. Estamos pegaditos, y ser parte de la zona de seguridad más importante para Estados Unidos, y además absolutamente débiles comparados con ellos, obliga a todo Presidente a asumir una posición realista. Podrá López Obrador no estar feliz de la relación con Estados Unidos, pero la tiene que administrar pues no puede evitarla.

– Llamó la atención que con el cambio en dirección en Reforma usted dejará de colaborar ahí. Ante los crecientes desmentidos a ese diario ¿no lo parece que estuvo a tiempo su salida?

– Reforma era de derecha desde que nació, pero dejaba un margen de libertad absoluto, una decisión tampoco sorprendente. El periódico va por una dirección, pero necesita algunos lunarcitos diferentes para no ser visto como absolutamente de derecha. Yo no busqué al periódico, ellos me buscaron. Yo no les pedí que me incorporaran, ellos me incorporaron, al final yo no renuncie, ellos simplemente me dijeron ‘muchas gracias por veintitantos años de colaborar con nosotros, pero tenemos problemas económicos y quien dirige la parte económica consideró que hay que ahorrar. Lo siento mucho, pero vamos a ahorrar con usted y con otros’. Y bueno pues sí, me hicieron un favor, si no me hubieran quitado, yo hubiera seguido con mi línea, incluso hubiera hecho más evidente el lunar.

Fuente: Zócalo

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