“Bien hecho, el Tren Maya ayudaría a contrarrestar la depredación de la selva”

Realidades.- Es una oportunidad para resolver problemas de tala inmoderada y expansión agrícola, entre otros, señala Gerardo Ceballos, investigador del IE-UNAM. Por la actividad carbonera ya se pierden 1,500 hectáreas al año, añade.

Gerardo Ceballos es uno de los científicos y conservacionistas más importantes del país, es experto en el jaguar y junto con otros destacados investigadores ha proporcionado el conocimiento para mantener los reductos de su hábitat y el de otras especies. Ante el advenimiento de la construcción del Tren Maya, el investigador ve el proyecto con mente fría y una oportunidad para contrarrestar los problemas que actualmente depredan la selva del sureste, pero sólo si la obra se lleva a cabo bajo las mejores bases científicas.  

“Como científico, me preocupa mucho cuando la gente dice sin bases ‘sí’ o ‘no’ al Tren Maya”, señala en entrevista. “Yo puedo decir que estoy o no de acuerdo con el tren, pero es una posición filosófica. Un científico que diga que no está de acuerdo porque va a destruir la selva, o sí, porque no tendrá un impacto, es alguien que no tiene el suficiente conocimiento o ética”. 

El investigador del Instituto de Ecología de la UNAM y presidente de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar señala que un tren, por definición, tiene un impacto menor que las carreteras. En el sexenio pasado, añade, se inició la construcción de varios y expertos apoyaron en su construcción, como el de México-Toluca, donde recomendaron concentrar los corredores de infraestructura para disminuir el impacto.  

Por otra parte, desde la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar, refiere, se acercaron en octubre del año pasado al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), encargado del proyecto del Tren Maya, para plantear sus preocupaciones, puesto que en la península existe la mayor población de jaguar del país. “Gracias a esto, y quizá ellos ya tenían la idea correcta en algunos casos, se acordó que no se toque ningún área protegida, que vaya por los derechos de vía ya establecidos y se mitiguen los impactos existentes de las carreteras. También se acordó la creación de pasos de fauna para jaguar y otras especies”. 

La región es una gran área de biodiversidad biológica que ya está muy amenazada, puntualiza, y con o sin Tren Maya “vamos a perder la mayor parte de esas selvas en los próximos años”, debido a las amenazas que se ciñen sobre ésta. Los ejemplos: la tala inmoderada por la mafia china en Calakmul; en la región de la Candelaria cientos de hectáreas se destruyen cada año para la obtención de carbón; la frontera agrícola de los menonitas se expande cada vez más…

“Es decir, la península no está prístina, tiene grandes problemas. Nuestra propuesta es que el Tren Maya sea una obra de infraestructura con beneficios para disminuir el número de carreteras y automóviles, pero también que ayude a parar estos grandes problemas”. 

PROPUESTAS. Añade que en la Alianza ya tenían muchos estudios sobre jaguares y pasos de fauna que son útiles para el proyecto y continúan trabajando en el diagnóstico preciso de cuáles son los problemas de la región para compartirlo con Fonatur. “Trabajamos para hacer un ordenamiento ecológico de las zonas donde están los menonitas —tampoco hay que satanizarlos, lo han hecho porque los han dejado, pero hay que poner un límite— y que la relación con ejidatarios y comuneros sea la correcta, además de que trabajen con pesticidas menos dañinos”. 

Por otra parte, acota, en la zona de los carboneros se pierden cientos de hectáreas. “Si el tren pasara por la selva, por ejemplo, se destruirían entre 400 y 600 hectáreas; pero sólo en Calakmul perdemos mil 500 hectáreas al año; es decir, como científicos debemos evaluar la situación de manera fría y ver si hay soluciones”. En este caso, señala, proponen que se vincule a la reserva de Calakmul con las de Balam Kú y Balam Kin bajo un mismo esquema, puesto que estas dos son poco atendidas por falta de recursos; “de esta forma tendríamos una reserva de un millón y medio de hectáreas protegidas de selva. Es la última oportunidad para que México tenga una reserva de ese tamaño”. 

Otra propuesta de los especialistas es que la Gendarmería Ambiental —que ahora forma parte de la Gendarmería Nacional— se mantenga como una dirección general, con cuerpos especializados que apoyen a las reservas para evitar los delitos ambientales. “Los guardaparques y la Profepa no tienen ni autoridad ni armas para combatir a los delincuentes, pero la Gendarmería Ambiental sí, con quienes ya hemos trabajado en Calakmul y en la Reserva de la biosfera de la mariposa monarca para disminuir de manera considerable la tala ilegal. “Imaginemos el impacto positivo del Tren Maya si logramos mitigar todos estos problemas”. 

El Tren Maya, como todo proyecto de infraestructura de esta naturaleza, puede tener repercusiones negativas, apunta, pero si se hace correctamente disminuyendo el impacto, es posible sacar un provecho medioambiental, social, económico y político —ejes rectores del desarrollo de un país—. Pero para ello se se requiere de la voluntad política y conocimiento científico, finalizó.

Fuente: Crónica

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