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Crisis nutricional en pacientes con enfermedades intestinales: un desafío de salud en Quintana Roo y México

La salud digestiva en México enfrenta un desafío crítico que va más allá de los síntomas visibles. Un exhaustivo artículo de revisión publicado en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social (2026) ha puesto bajo la lupa una problemática silenciosa pero devastadora: la desnutrición en pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII). Los datos son contundentes y revelan que, en el contexto nacional, la prevalencia de un estado nutricional deficiente puede alcanzar niveles de hasta el 99.9% en ciertos sectores de la población afectada.

¿Qué son las EII y por qué vacían el cuerpo?

Las enfermedades inflamatorias intestinales, que comprenden principalmente la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Crohn (EC), son trastornos donde el sistema inmunológico ataca por error el tubo digestivo. Esta agresión provoca una inflamación persistente que no solo causa dolor o diarrea, sino que altera la raíz misma de nuestra nutrición.

El problema de raíz se divide en tres fallas críticas del organismo que el pueblo debe conocer:

  1. Falta de ingesta por miedo: El paciente reduce drásticamente lo que come debido al dolor abdominal, las náuseas o el vómito que aparecen tras ingerir alimentos. Es un mecanismo de defensa ante el sufrimiento que termina debilitando al cuerpo.
  2. Malabsorción: Aunque la persona logre comer, el intestino inflamado o dañado —especialmente en el caso de la enfermedad de Crohn— pierde la capacidad de absorber nutrientes esenciales como hierro, vitaminas y minerales. La comida «pasa de largo» sin nutrir.
  3. Gasto de energía acelerado: El estado de inflamación constante funciona como un «incendio interno». Este proceso metabólico consume las reservas de energía y proteínas del cuerpo mucho más rápido de lo normal para intentar combatir la inflamación.

Diferencias clave: Crohn y colitis ulcerosa

Para que la ciudadanía comprenda el riesgo, es vital distinguir cómo afecta cada variante, pues no todas las inflamaciones son iguales:

  • Enfermedad de Crohn: Puede dañar cualquier parte del sistema digestivo, desde la boca hasta el ano. Al ser una afectación «transmural» (que atraviesa todas las capas del intestino), el riesgo de desnutrición es mucho más elevado y extenso, comprometiendo gravemente la calidad de vida.
  • Colitis ulcerosa: Se limita exclusivamente al colon y al recto. Aunque el riesgo de malabsorción es menor comparado con el Crohn, la pérdida constante de sangre y la diarrea crónica suelen llevar a anemias severas y una debilidad extrema que pone en riesgo al paciente.

Las consecuencias: Un impacto que va más allá del peso

La desnutrición en estos pacientes no es solo una cuestión de apariencia física o delgadez; es un factor clínico que determina la supervivencia. El estudio advierte que un paciente desnutrido enfrenta riesgos significativamente mayores, tales como:

  • Infecciones graves: Un sistema inmune sin nutrientes es incapaz de defenderse de bacterias y virus.
  • Complicaciones hospitalarias: Se incrementa la probabilidad de sufrir tromboembolia venosa y estancias hospitalarias mucho más prolongadas.
  • Cirugías de emergencia: La falta de nutrientes debilita las paredes intestinales, aumentando la necesidad de intervenciones quirúrgicas no programadas.
  • Mortalidad elevada: El cuerpo carece de la «gasolina» necesaria para recuperarse de las crisis inflamatorias, lo que puede conducir a desenlaces fatales.

El panorama en México y la región de Quintana Roo

La investigación resalta una realidad preocupante para el país. En México, se han detectado niveles de desnutrición de entre el 93.3% y el 99.9% en pacientes con colitis ulcerosa evaluados bajo escalas específicas de control nutricional. Estas cifras sugieren un subdiagnóstico masivo; muchos pacientes están siendo tratados por la inflamación, pero se está ignorando el estado de sus reservas vitales.

Expertos vinculados a instituciones como el Centro de Estudios Universitarios Vizcaya de las Américas, en Playa del Carmen, y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, enfatizan que este problema requiere una atención multidisciplinaria inmediata.

La solución: El tamizaje y la prevención

El estudio concluye que la solución comienza con el «tamizaje oportuno». Esto significa que los médicos deben utilizar herramientas validadas (como los criterios GLIM o la herramienta MUST) para detectar el riesgo nutricional incluso antes de que el paciente pierda peso de forma evidente.

Para los habitantes de Playa del Carmen y de todo México, el mensaje es claro: el tratamiento de una enfermedad intestinal no está completo si no incluye una evaluación profesional de nutrición. Atender la inflamación es vital para detener el dolor, pero nutrir al cuerpo es indispensable para sostener la vida. La detección temprana de la desnutrición no debe ser una opción, sino una regla de oro en el sistema de salud para garantizar que los pacientes no solo sobrevivan, sino que recuperen su bienestar integral.

Por. A.G. Información. Revista Medica IMSS

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