Lo que alguna vez fue el refugio de paz del sureste mexicano, donde las familias de la capital dormían con las puertas abiertas, se ha transformado en un escenario de guerra silenciosa. La realidad que hoy asfixia a Quintana Roo no es una «percepción», es el resultado de dos décadas de filtración del crimen organizado en cada estrato social, permitida por una clase política que, sin importar el color —PRI, PAN o Morena—, ha priorizado las urnas sobre la vida.
De la Complacencia a la Captura del Estado
La genealogía del terror en la entidad no es nueva. Desde 2006, analistas y periodistas locales advirtieron cómo el trasiego de drogas comenzó a echar raíces. Lo que inició como una zona de paso, ante la mirada «ciega y sorda» de autoridades y una sociedad a veces convenenciera, evolucionó en un control territorial absoluto.
Hoy, la narrativa oficial de la «paz» se estrella contra los bloqueos carreteros en Felipe Carrillo Puerto, las ejecuciones a plena luz del día en las zonas turísticas de Cancún y Playa del Carmen, y el abandono de cuerpos torturados en las calles de Chetumal. La estrategia de los grupos criminales ya no es solo el tráfico; es la exhibición del poder para aterrorizar a la población.
El Fiscal y la Gobernadora: La Retórica del «Andaban en Malos Pasos»
Uno de los puntos más críticos de la actual administración encabezada por Mara Lezama es la revictimización sistemática. Cada vez que aparece un ejecutado o un desaparecido, la respuesta institucional parece ser la misma: «tenía nexos oscuros».
Sin embargo, esta justificación se desmorona cuando las víctimas ya no son solo «personajes del negocio», sino funcionarios públicos, empresarios que se niegan al cobro de piso y ciudadanos comunes. El reciente asesinato de Carlos Gorocica, figura popular en Chetumal, ha puesto el foco nacional en un estado donde los criminales ya no temen enfrentar a la Guardia Nacional o al Ejército, sabedores de las limitaciones políticas que frenan el actuar de las fuerzas del orden.
La Crisis del Modelo Turístico
El estado que vive del turismo se enfrenta a su mayor amenaza. Mientras las autoridades como Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch trazan estrategias desde la capital del país, y políticos locales como Eugenio Segura o Renán Sánchez Tajonar se enfocan en la siguiente candidatura o en asegurar su lugar en la nómina, el motor económico de la entidad se desangra.
- Cobro de piso: Ya no es una amenaza lejana; es el «impuesto» diario de los comerciantes.
- Secuestro empresarial: La nueva apuesta del crimen cuando la venta de estupefacientes no es suficiente.
- Zozobra social: Las paredes de la Fiscalía se llenan de fichas de búsqueda, mientras la sociedad, entre el miedo y la pasividad, observa cómo el victimario de hoy se convierte en la víctima de mañana.
Un Estado en Campaña, una Sociedad en Duelo
La crítica es directa: la clase política quintanarroense está más ocupada en dejar sucesores que les cubran las espaldas que en frenar la impunidad. Las «mesas de seguridad» semanales son señaladas como actos de simulación, llenas de matices pero vacías de resultados tangibles, mientras las familias siguen llorando a sus desaparecidos.
Quintana Roo ha dejado de ser el paraíso para convertirse en el ejemplo de cómo la impunidad, cuando se ejerce desde el poder, termina por devorar a la sociedad que prometió proteger.
Por. A.G. Información. El faro.

