Mientras la comunidad científica y ambientalista global urge por la restauración de ecosistemas locales, el gobierno municipal de Playa del Carmen enfrenta duras críticas por insistir en un modelo de «ornato» que ignora la riqueza botánica de la región. La reciente plantación de palmeras de coco y especies introducidas como la Nochebuena en áreas públicas ha desatado la indignación de ciudadanos que exigen una gestión basada en la biología y no en el posicionamiento político.


La imagen urbana de Playa del Carmen se encuentra en una encrucijada ecológica. A pesar de que la Península de Yucatán es un santuario biológico que alberga el 50% de las especies de plantas florales de México, la administración municipal actual parece decidida a ignorar este patrimonio. Ciudadanos y expertos denuncian que las recientes acciones de reforestación, bajo la supervisión de la Secretaría de Medio Ambiente Sustentable, Cambio Climático y Zofemat, carecen de rigor científico, privilegiando especies introducidas y diseños de ornato que comprometen la salud del ecosistema y la infraestructura pública.
El engaño de la palmera de coco y la planta de temporada
La denuncia ciudadana es contundente: mientras la selva maya ofrece tesoros como el Papelillo, Guayacán, Zapote, Ramón, Chechén, Chacah, Cedro, Kitanche, Kaniste, Guaya y Habín, el municipio sigue apostando por la plantación de palmeras de coco. Estas últimas, además de no ser nativas de la región, ofrecen servicios ecosistémicos mínimos comparados con el arbolado de selva.
A esto se suma la introducción de especies como la Nochebuena durante las festividades. Aunque es una planta mexicana, en Quintana Roo es una especie introducida que no pertenece a la dinámica del suelo calcáreo ni al clima costero, representando un gasto innecesario en plantas que difícilmente sobrevivirán o aportarán a la biodiversidad local a largo plazo.

El reto técnico: Raíces pivotantes vs. infraestructura rota
Uno de los puntos más críticos de la denuncia es la falta de criterio al seleccionar las especies según su morfología. Existe la falsa creencia de que cualquier árbol nativo es apto para la ciudad, lo cual es un error técnico grave.
Especies como la Ceiba pentandra (Ya’axché), aunque sagradas y nativas, poseen sistemas de raíces radiculadas y semisuperficiales que se extienden horizontalmente, destruyendo inevitablemente banquetas y tuberías. La verdadera gestión ambiental urbana debería enfocarse en especies nativas con raíces pivotantes —aquellas que crecen verticalmente hacia la profundidad—, permitiendo la coexistencia entre la naturaleza y el pavimento. Sin un biólogo o un arborista urbano que dictamine estas diferencias, el municipio está condenado a un ciclo eterno de «plantar y reparar».


Impacto en la apicultura y los polinizadores
La sustitución de la flora nativa por especies «de catálogo» tiene consecuencias económicas y sociales profundas. La Península es el corazón de la apicultura maya y la producción de miel orgánica de exportación.
- Abejas y Meliponas: Dependen de la floración estacional de árboles como el Habín o el Ja’abín. Al sembrar palmeras de coco o especies exóticas, se crean desiertos alimenticios para los polinizadores.
- Fauna local: Murciélagos y aves pierden los sitios de anidación y las fuentes de néctar y frutos específicos de la selva maya, rompiendo la cadena trófica de la región.
¿Dónde están los especialistas?
La ciudadanía se pregunta hasta cuándo el presupuesto alcanzará para contratar perfiles técnicos con estudios reales en la materia. «Parece que están en sus puestos por posicionamiento político y no por capacidad técnica; se nota que no prestaron atención a las clases de ecología o botánica», señalan los afectados.
Es imperativo que el municipio de Playa del Carmen deje de intentar imitar los paisajes de Florida o Asia y comience a valorar la selva que le da origen. La conservación nativa y endémica no es un capricho estético, es la única defensa que tiene la ciudad contra el calor extremo, la erosión y la pérdida de identidad cultural y biológica.

