Playacar: La autopsia de una playa desaparecida

La zona de Playacar, históricamente una de las más privilegiadas de nuestro litoral, se ha convertido entre 2024 y 2025 en el escenario de una degradación ambiental sin precedentes. Mientras los muros de los hoteles de lujo intentan ocultar la realidad, las imágenes de este último año son irrefutables: la playa se está desvaneciendo, no solo por el clima, sino por la gestión irresponsable de los desarrolladores y la ausencia criminal de vigilancia gubernamental.

Lo que hoy observamos en la costa de Playacar no es un proceso natural de erosión, sino un colapso inducido. Tras dos décadas de intervenciones agresivas, el litoral ha pasado de tener una extensión soberbia a convertirse en una franja mínima de supervivencia. Esta es la cronología técnica de cómo se perdió el 90% del arenal ante la mirada de autoridades omisas.

2006 – 2007: El fin del equilibrio natural

En 2006, la zona presentaba un equilibrio ecológico robusto. Las imágenes de satélite muestran una playa de 52 metros de ancho, protegida por una densa franja de vegetación costera y dunas estables.

  • El hito de la deforestación: Para 2007, se autorizó el desmonte masivo de la vegetación para la construcción del complejo entonces conocido como Wyndham Azteca. Al eliminar el área verde, la duna perdió el «anclaje» natural de las raíces, dejando la arena a merced directa del viento y el oleaje.

2008 – 2009: El error de los geotubos y la primera gran pérdida

Bajo la presión de proteger la nueva infraestructura, el sector hotelero implementó una solución de ingeniería fallida:

  • La barrera de arena: Se colocaron rompeolas artificiales dentro del mar.
  • El saqueo interno: Estas barreras fueron rellenadas con arena extraída de la misma costa, provocando una auto-erosión acelerada.
  • Resultado: Para finales de 2008, la playa sufrió su primer golpe crítico, perdiendo el 60% de su superficie original. La alteración de las corrientes marinas impidió que el ciclo natural de depósito de arena funcionara, «ahogando» el frente de playa.

2019: El zarpazo de la maquinaria pesada

El año 2019 marcó el punto de no retorno. Con la llegada masiva de sargazo, la administración de Laura Beristain permitió que los hoteles introdujeran maquinaria pesada (retroexcavadoras y Bobcats).

  • Mutilación del perfil costero: Las máquinas no solo retiraron el alga; «afeitaron» la duna remanente. Cada viaje de la maquinaria se llevaba toneladas de arena que jamás regresaron al sistema, dejando un corte vertical en la costa que facilitó que el mar avanzara hacia las estructuras de los clubes de playa.

2024 – 2025: El colapso final en cifras

La fase terminal de este ecocidio administrativo ocurrió en los últimos meses. El retroceso es, simplemente, aterrador:

  • Marzo de 2024: La playa aún lograba sostener 28 metros de ancho pese a los ataques previos.
  • Febrero de 2025: Tras un año de uso indiscriminado de maquinaria hotelera y falta de supervisión de la PROFEPA, la playa se redujo a tan solo 4.8 metros.

2026: La herencia del vacío

Hoy, en febrero de 2026, Playacar ha perdido el 90.7% de su tamaño original desde que el concreto llegó en 2007. Lo que antes era un espacio público de 52 metros, hoy es un pasillo de 4.8 metros. Esta no es una crisis climática; es el resultado de permitir que las máquinas y los rompeolas privados dicten el futuro de nuestra costa.

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