Sergio Lugo
Este 2 de febrero, se celebra en México, «el día de la Candelaria», una «Virgen», que se apareció en Tenerife, España y que luego los conquistadores españoles trajeron a lo que es nuestro país.
Es parte del sincretismo de la religión católica en México, que, para su estudio, yo lo abarco desde el 12 de diciembre hasta el 2 de febrero.
A los españoles invasores les urgía tener de esclavos, a todos los indígenas de lo que es América, y en nuestro caso, de lo que hoy es México. No los podían aniquilar porque necesitaban su mano de obra, para construir sus ciudades (encima de las pirámides), por eso, utilizaron la religión católica para evangelizar.
Pero tampoco podían borrar la cosmovisión indígena de tajo, porque los habitantes originarios de América, han sido muy espirituales.
Por eso, recurrieron al sincretismo, es decir, tomar elementos indígenas y combinarlos con rituales católicos y españoles, el resultado, es el México de ahora.
Coincido en gran parte de la tesis del historiador Pedro Salmerón, en que desde la evangelización, los españoles volvieron mansos a los indígenas, incluso, él cita hasta otros historiadores que sirvieron de propaganda del viejo PRI, pero no abundaré, para no perder, el objetivo de mi artículo.
Cuando los españoles derrotaron a los indígenas, (me refiero principalmente al centro de México, porque en lo que es la península de Yucatán, fue más complicado, debido a la selva), les enseñaron a leer y escribir castellano (español), pero no para instruirlos, sino para manipularlos, obviamente a los que no se dejaban catequizar, los asesinaban.

El 12 de diciembre, se celebra «el día de la Virgen de Guadalupe», cuando «se apareció», en el cerro del Tepeyac. Que, por cierto, era una virgen, de origen árabe y «morena», que se había aparecido en la orilla de un río llamado «Guadalupejo», en Cáceres, España, y algunos soldados la trajeron a Nueva España (México), para su veneración, entre ellos, se cuenta, Hernán Cortés. Se cree que Guadalupe proviene del árabe que significa «Río escondido», recordemos que los musulmanes del norte de África invadieron por siglos a lo que hoy es España. Y esa virgen de tez morena, se parecía a la piel morena de los indígenas.
Recomiendo la película mexicana «Nuevo mundo», del director Gabriel Retes, quien aborda el invento de la aparición de la Virgen de Guadalupe, justamente para adoctrinar a los indígenas, pero el director debió hacerlo con otros nombres para evitar la censura del gobierno e iglesia, que aun así, está la cinta olvidada.
Los españoles encontraron una similitud entre la virgen María, y la virgen Coatlicue (que en náhuatl significa «la de la falda de las serpientes»), venerada por los Mexicas (antes Aztecas), -que por cierto, en el cerro del Tepeyac, era visitada por miles de indígenas, y era conocida como «Tonantzin», (cuyo significado sería como «Nuestra madre»).
La virgen María era esposa de José, el carpintero, a ella se le apareció un ángel (llamado Gabriel por los musulmanes) que era el «Espíritu Santo», enseguida quedó preñada de Jesús, y así nació quien sería conocido después como «Cristo».
Según la leyenda de los Mexicas: Coatlicue, era una mujer pura, vivía en el cerro de Coatepec (en Náhuatl «cerro de serpientes»). Se le apareció un ave de quetzal, guardó algunas de sus plumas en su vientre, y con eso quedó embarazada de Huitzilopochtli.
Pero Coyolxauhtli (que representaba a la luna), pensó que su madre Coatlicue la había deshonrado con ese embarazo, entonces, ella y sus otros hermanos (que representaban otros astros), intentó matar a su propia madre, pero de ella nació su hijo Huitzilopochtli, quien con su espada de fuego (la Xiuhcoatl), desmembró a su hermana, y por eso, su figura aparece en pedacitos (la luna), así es como se encontró hace años, un disco de ella, en el centro de la Ciudad de México.
Huitzilopochtli representaba al sol, era la deidad de la guerra de los Mexicas, por eso, lo veneraban hasta arriba del Templo Mayor en Tenochtitlan, la otra deidad era Tlaloc (que tiene que ver con el 2 de febrero y luego explico), quien representa a el agua.
Yo he vivido en Xochimilco, y por unos meses en Milpa Alta, ambos al sur de la Ciudad de México.
Allá mi amigo el escritor Manuel Garcés, me invitaba a sus reuniones con los cronistas de esa región, en un museo, alguna ocasión hablaron de cuando en la época prehispánica, se elaboraban figuras del «niño Huitzilopochtli», hechas con amaranto, (Huautli, en náhuatl), el cual es un alimento sagrado, y muy nutritivo.
Incluso, en la actualidad, cerca de ahí, en Tulyehualco, Xochimilco, se celebra la «Feria del Amaranto y el Olivo». Donde encontramos una variedad de productos como obleas, atole, y dulces, hechos de «Alegría», como se le conoce popularmente a ese alimento, el cual yo sigo consumiendo.
La iglesia católica después prohibió comerse al niño Huitzilopochtli (que vale decir, era el guía para las guerras de los Mexicas).
Pero casualmente, el 6 de enero, se celebra en México, el día de «los Reyes Magos», que se supone que eran tres personas que fueron a visitar a María y a Jesús, aunque no hay evidencia de ellos, y se supone que eran tres porque representaban a los tres continentes: Europa, Asia y África (obviamente aún no «descubrían» América).
En ese día la gente sí se come la «Rosca de Reyes», donde adentro va «el niño Jesús», (ya no Huitzilopochtli). Metafóricamente los católicos también se comen al niño Dios, algo parecido sucede con la oblea cuando van a comulgar.
Según la tradición católica, ese niño después de estar en «el nacimiento» o altar del 24 de diciembre, se debe cambiar con ropa moderna (ya no con Amaranto), y presentarlo el 2 de febrero, «día de la virgen de la Candelaria», esto viene de una costumbre que iniciaron unas monjas en México poco después de la conquista.
Casualmente a inicios de febrero, los Mexicas, de acuerdo con su calendario (para ellos su mes duraba veinte días en general, no treinta como ahora), es cuando elaboraban sencillos «tamales» (tamalli) de maíz, que en náhuatl siginfican «envueltos», y lo daban en ofrenda para Tlaloc, la deidad del agua, en una ceremonia llamada «Altcahualo» (que sería como «se dejan las aguas», porque Atl es agua), y se realizaba entre el 12 de febrero y el 3 de marzo.
Para los indígenas, los manantiales, cuevas y montañas que tuvieran agua, eran lugares sagrados.
Por eso, la iglesia católica celebra a su virgen de la Candelaria con los tamales prehispánicos.
Pero la piratería de la iglesia católica no sólo fue en México, siglos antes lo hizo en lo que hoy es Roma, donde en diciembre, aproximadamente el 21 del mes, se realizaba el ritual del «Sol Invictus», que era una celebración del Solsticio de Invierno, la «victoria y renacimiento del sol, y como la iglesia católica no pudo romper esa tradición que consideró pagana, decidió que el 24 de diciembre, nació Jesús, aunque no hay evidencia científica de ese nacimiento, ni de esa fecha. Asi nació el mito de «la Navidad», o natividad, que ya no era del sol, sino de un tal Jesús.
Recomiendo el libro «Los grandes iniciados», de Édouard Schuré, (EMU. México), quien de una forma novelesca, explica cómo la religión católica se apropió de elementos y de otras religiones, o de otros profetas como Krishna, Rama, Zoroastro, Moisés, Pitágoras, Hermes, entre otros. Y de ahí viene, el símbolo del redentor, el que abre los brazos, además del sol, y el concepto del número tres y la Trinidad.
De todo eso se apropió dicha religión, que después como iglesia católica la instituyó por todo el mundo, de ahí llegó a España, también ocultando celebraciones locales o cambiándolas por símbolos más modernos, tal es el caso de Santa Claus.
Por ejemplo, mi camarada Alejandro Eguía Lis, quien vive en Cancún, es integrante de la diáspora vasca en México, su bisabuelo el Dr. Joaquín Eguía Lis, fue signante del acta constitutiva de la Asociación San Ignacio de Loyola, precursora del Centro Vasco de México. Él ha explicado lo que celebraban en el País Vasco:
«En tiempos del Imperio Romano el Olentzero era el tronco principal que se colocaba en el hogar para proveer con luz y calor a los habitantes de cada casa durante todo el invierno. Eso es lo que significa etimológicamente.
Más recientemente, para adaptarse a las nuevas corrientes filosóficas, adquirió su actual forma humana de carbonero y en los últimos lustros se le hace acompañar por la figura femenina de Mari Domingi».
Sigue explicando: «El 21 de diciembre, ocurre el Solsticio de Invierno y para las culturas del hemisferio norte eso se ha traducido en un periodo caracterizado por la promesa de renacimiento, de la vida que aguarda durante los duros meses del invierno, de la esperanza en contra del desasosiego de las noches que se alargan.
En Euskal Herria no se recibe ni a Santa Claus ni a Papá Noel, se recibe a Olentzero, figura mitológica que se ha materializado en un carbonero que habita en las montañas y que en cada Solsticio de Invierno desciende a los pueblos para dejar juguetes a las niñas y a los niños que han sido buenos y nobles durante todo el año… y un trozo de carbón a quienes no cumplieron con esas expectativas.»
Y de España la iglesia católica llegó a México para cambiar también todo. Los casos más irracionales era cuando los soldados destruían las zonas arqueológicas (con sus teocallis -pirámides) y encima construían sus iglesias católicas con la misma piedra de las pirámides, como el Tezontle, la piedra volcánica de lo que hoy es la Ciudad de México.
Ahí están las evidencias en su zócalo, donde entre la catedral y el Palacio Nacional, se encuentran los restos del «Templo Mayor» de los Mexicas, ahí veneraban a Tlaloc y a Huitzilopochtli. Debajo hay un túnel que conecta con dicha catedral.
Y cerca, se encuentra Tlatelolco, la ciudad hermana de Tenochtitlan, que fue el tianguis más grande de esa época.
Ahí se ubica la zona arqueológica, donde literal, encima está construida la iglesia católica dedicada a Santiago (recordemos que los españoles les cambiaron también los nombres de los pueblos indígenas, por el de Santos o personajes católicos), que atrás sirvió de cárcel hace cien años.
Tlatelolco fue escenario de dos matanzas memorables: la primera, hace 500 años, la describe Miguel de León Portilla, en su libro «Visión de los vencidos» (UNAM. México), pues los soldados españoles católicos, masacraron a los Mexicas y Tlatelolcas, fue ahí la última batalla como resistencia de los indígenas, el escritor describe cómo había sangre por todas partes, y los heridos no tenían qué comer.
La segunda, fue ahí, el 2 de octubre de 1968, donde también soldados masacraron al pueblo y estudiantes, por órdenes del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, del PRI. Todos aseguraban que la iglesia de Santiago, nunca les abrió las puertas a los jóvenes.
Otro ejemplo descomunal, es en Cholula, Puebla, donde se ubica la pirámide más grande del mundo, en cuanto a su base. El colmo es que encima construyeron también una iglesia católica.
Igualmente, hay ejemplos a menor escala, en varios lugares de México, donde en forma de chantaje, los sacerdotes católicos, colocaban piezas prehispánicas adentro de las iglesias católicas para que los indígenas entraran a escuchar misa. Algo parecido lo explica la película que mencioné «Nuevo mundo».
Por ejemplo, en mi natal estado de Guerrero, existe un pueblo olvidado, se llama Noxtepec, en el municipio de Tetipac, se cree que fue un pueblo de indígenas «Chontales», (nada que ver con los de Tabasco), que estaban enfrentados a los Mexicas, pero después de la conquista, llegaron españoles porque cerca había minas, entonces, construyeron una pequeña iglesia católica, y en la parte de atrás, arriba, colocaron una pieza prehispánica, (me la mostró mi amigo profesor Erasmo) justamente para evangelizar.
Por esa región caminé hace unos 17 años, haciendo activismo político de Izquierda. Está llena de montañas, algunas barrancas (ahí casi nos despeñamos en el carro de Fabián), gente amable y vistas espectaculares. Allá dio clases mi amigo Alejandro. Quizá Noxtepec funcionó como observatorio en su época prehispánica, debido a su posición geográfica, seguramente hay pirámides ocultas o destruidas.
Ese pueblo y esa región no existen en el radar de los turistas ni nacionales ni mucho menos de los extranjeros. En cambio, Tulum sí.
En septiembre pasado fui al Museo Maya de Tulum, tuve que pagar para entrar al famoso «Parque del Jaguar», que, para mí, es un error que cobren. Además, en esa temporada, las playas también estaban cerradas al público.
Dicho museo está bonito, es pequeño, pero aquella vez le faltaba información general, primero sobre la cultura Maya, después, de la zona de la «Costa Oriental», (por cierto, recomiendo el número dedicado a esa región, de la revista «Arqueológica mexicana») y finalmente, sobre dichas piezas exhibidas.
La entrada era gratuita pero el gancho es que, para entrar, primero debes ingresar al «Parque del Jaguar», y pagar. Es un error, porque por ejemplo, hay gente como yo, que no nos interesa ni la naturaleza, ni ver árboles, ni animales, ni la ecología, mi intención es documentar cómo la iglesia católica destruyó las culturas indígenas, en este caso, la Maya.
No sé cómo es ahora, pero a los que sólo queremos ir al museo, nos deberían dejar ingresar gratis. Y que paguen con gusto, los «ambientalistas y ecologistas».
Sé que él entonces Presidente López Obrador, decretó dicho Parque para impedir que las inmobiliarias siguieran apropiándose de esos terrenos, cerca de la zona arqueológica, y yo lo celebro, porque he visto publicidad donde extranjeros ofrecen departamentos en Tulum, justo para más extranjeros o para mexicanos millonarios, creando una falsa identidad, que ellos le llaman «aldeas», es decir, un espacio para que habiten «gente blanca», en medio de la selva, es una forma de gentrificación racista. Hay extranjeros que son felices en México, pero sin los mexicanos. En menor medida sucede en Playa del Carmen.
Antes de la pandemia, yo acostumbraba a ir a Tulum, casi casa domingo, primero a la zona arqueológica, y después, a las playas «públicas», que están cerca, luego me iba caminando todo ese trayecto.
Descansaba en Playa «Mezzanine», porque era tranquila, además, siempre he sentido que el mar de Tulum, tiene una energía especial, como milenaria, por eso comprendo leí el texto, de la revista «Arqueológica mexicana», que mencioné, donde describía la zona arqueológica de Tulum, y aseguraban los «lugareños», que hay como un portal del tiempo enfrente de las pirámides, quizá es una metáfora, pero me consta que cuando yo contemplaba ese mar de Tulum, tenía una sensación de estar «en otro lugar – tiempo», porque el horizonte de ese mar es gris turquesa que tiene como un imán, como sí entre el agua y el firmamento, hubiera una tormenta de tiempo eterna.
Enseguida, continuaba caminando, escuchando a «The Doors», y/o «Corridos de la Revolución Mexicana», hasta el entronque que se divide a la zona hotelera, y el que «baja», para el pueblo, en la esquina con la avenida principal, en ese entonces no existía el mega centro comercial, y ese tramo, también lo disfrutaba caminar con los últimos rayos del sol de la tarde.
Finalmente, cerca del Palacio municipal, saludaba a mi amiga Gizeht, una artesana que se «tendía» en el suelo, con todas sus obras de arte, que ella creaba con sus manos. Concluía, comiendo tacos al pastor, que estaban al dos por uno, eran de una tienda, con el logo de un equipo extinto de fútbol de Ciudad Neza.
El ambiente en aquellos años era distinto al de hoy.
El 21 de diciembre pasado miré que había un festival en Tulum, titulado «Lajun Ya’ax k’iin», dedicado al Solsticio de invierno, que, por cierto, ese día también se conmemora el «Día nacional de la cultura Maya».
Fui con cautela a dicho festival, porque lo que caracteriza ahora a Tulum, es que varios de sus empresarios utilizan a la cultura Maya como objeto decorativo.
Para mi beneplácito, sí eran auténticos Mayas los que estaban ofreciendo sus conferencias, fue en el lobby del restaurante «Mina».
Ahí conocí a Irma Balam, promotora cultural, quien presentó su libro «Bonilo’ob in Lu’um» (Los colores de mi tierra), de poemas Mayas, sobre todo, dedicados a la naturaleza y a animales como el jaguar, al cual conocen bien sus costumbres, como su hora de cazar y de dormir.
Ella es del municipio de Carrillo Puerto, Quintana Roo, y ha presentado su libro en Japón, Francia, y Malasia.
Igualmente, Martha Chan Canul y Norberto May Pat, presentaron el libro colectivo, titulado «Ja’ ab» (Astra ediciones), que es sobre el calendario Maya.
Martha Chan nació en la comunidad Maya de Chancah, municipio de Carrillo Puerto. Es licenciada en «Educación pre-escolar». Actualmente, es directora de la escuela indígena «Leona Vicario», en la comunidad Maya de Hondzonot, en el municipio de Tulum.
Norberto May nació en la comunidad Maya de «Pino Suárez», en Quintana Roo.
Tiene maestría en «Educación». Actualmente, es director de Educación Indígena de la Secretaría de Educación de Quintana Roo.
Ambos enseñan el calendario Maya a sus alumnos.
En el libro, indican que su calendario lo dividían por meses de veinte días. Que primero lo utilizaron los Olmecas y luego lo heredaron los Mayas hace unos tres mil años.
En la península de Yucatán, los gobernantes lo utilizaron hasta 1820, porque después fue prohibido e impuesto el que ya conocemos.
El libro es una obra de arte, en cuanto al diseño e ilustración, dirigido a todo público. Va explicando cada mes, su nombre y símbolo, además el periodo que comprende (sus días actuales).
Igualmente, escuché al profesor Maya Donny Limber Brito, quien nació en Campeche, pero imparte clases en la Universidad intercultural Maya en el municipio indígena de José María Morelos, Quintana Roo.
También leyó sus poemas en Maya, junto a su hija, lo interesante es que mostró varios juegos de mesa, digamos algunos indígenas, que jugó cuando era niño, como el «trompo», y de ahí se inspiró para escribir sus poemas.
En algún momento de la exposición, se habló que, durante el solsticio de invierno, debido a la posición de la Tierra, el sol era como más tenue y sus rayos no pegaban o llegaban con tanta fuerza, y de ahí el frío, y también estoy seguro que eso a mucha gente, también le provoca depresión.
Cuando terminaron sus conferencias, les solicité entrevistarlos, aceptaron, pedí que fuera en la playa de dicho restaurante, ya nos estábamos acomodando, cuando de la nada, el sol tenue se ocultó y cayó la lluvia, volví a sentir lo mismo que cuando iba a Playa Mezzanine y contemplaba el horizonte: sentí que el tiempo se detenía o era otro, al de mi presente, aunque el paisaje y el agua eran gris, fue maravilloso.
Quizá eso sentían los que contaban lo del túnel del tiempo, enfrente de la zona arqueológica de Tulum, que señalé en la revista mencionada.
Se trata de la magia del mar de Tulum, cuyo nombre antiguo era «Zamá», su significado podría ser (amanecer) o (mañana). Creo que, sólo en esta península con su selva, puede llover repentinamente e inmediatamente el sol se vuelve asomar para vernos.
Seguramente los primeros exploradores del mundo Maya, del siglo XIX, se quedaban anonadados con esas lluvias- tiempo.
Al final, a todos los entrevisté en video, adentro en el restaurante.
Luego, Donny me presentó a su familia, y me dieron ride al centro de Tulum. Me platicaron que ella también es indígena, y que tiene una biblioteca comunitaria, dirigida principalmente para jóvenes. Incluso él me contó, ayudó a traducir al Maya, uno de mis libros favoritos «Historia mínima de México», del COLMEX.
Les conté de mi proyecto de fomento a la lectura y de cine, espero pronto ir con ellos a su municipio, para hablar de la historia de México.
En enero pasado, acudí a la zona arqueológica de Cobá, para entrevistar a su encargado (que viene siendo como el director, según los términos del INAH), el arqueólogo Eric Saloma.
Debo agradecer la gentileza de Margarito Molina, director del INAH a nivel Quintana Roo, al permitirme eso, ahí, y después en Tulum. Él escribió un texto, en una nueva revista del INAH del estado, que pronto se va a presentar a finales de febrero en el museo de Cancún.
Saloma estudió en la ENAH y para mi sorpresa, nació en Xochimilco, le conté que allá viví mucho tiempo, coincidimos por el gusto de esa demarcación lacustre.
Me obsequió su libro «Piedras floridas: Petro grabados y culto en la montaña de Xochimilco». Publicado por la Secretaria del Medio Ambiente del Gobierno de la CDMX en 2020.
Lo escribió con Nadia León, quienes anotaron: «Nos interesa destacar tres aspectos de esa tradición… en territorio Xochimilca: el culto a las montañas y los cerros, la observación de los movimientos de los astros con fines calendáricos, y la existencia de un lenguaje visual plasmado sobre rocas.»
El libro me gusta porque rescata esas zonas olvidadas del Xochimilco turístico. Eric Saloma me entendió cuando le dije que yo recuerdo, un símbolo prehispánico del «Nahui ollin», debajo de una cruz, en el atrio de la iglesia del pueblo de Nativitas, que pertenece a Xochimilco, eso como muestra del sincretismo o sometimiento.
Él me envió fotos que tomó de ahí, hace años, también hay fechas del calendario Mexica: «Ce Miquiztli (uno muerte), y el «Chicome acatl» (siete carrizos).
Casualmente, en dicho libro también menciona y describe al famoso Nahui Ollin o «Cuarto movimiento»:
«Según los mitos de creación en la cosmovisión nahua, fue la fecha de inicio del ‘Quinto sol’, el Sol de movimiento en el cual vivimos… y agrega:
El motivo central, conformado por un ojo redondo, con una gran ceja, es el símbolo del Dios sol, Tonatiuh. Dentro de los cuatro brazos o aspas se representaron por medio de Chalchihuites las cuatro edades del mundo. En conjunto hablamos de la regeneración cíclica de la naturaleza a través de la fuerza solar».
Al mismo tiempo, Eric Saloma me mostró unas fotos que tomó, son flores prehispánicas «Dalias», que están en la iglesia católica empotradas en la iglesia de San Juan y otras en el barrio de San Pedro, de la misma alcaldía.
Igualmente Saloma, me mostró fotos que tomó adentro del ex convento de San Bernardino (que se ubica en el centro de Xochimilco), es una pila bautismal del siglo XVI tallada por indígenas, hay flores y un rostro prehispánico.
Por otro lado, le comenté que yo siempre pasaba por el barrio de Xaltocan, también de Xochimilco, ahí de la misma forma había una pieza prehispánica incrustada en una pared exterior de su iglesia católica, es como un petroglifo, que según leí una teoría, puede ser una larva y tiene que ver con Xochiquetzal, la deidad de las flores y el amor. Otros, aseguran que tiene que ver con el sol. Seguramente debajo hay una pirámide.
Con Saloma hice el recorrido en bicicleta, por casi toda la zona arqueológica de Cobá, y no sólo la «pirámide» de Nohoch Mul, la cual ahora tiene colocadas unas escaleras de madera, que elaboraron los artesanos de la región.
Me explicó lo inmenso que es el lugar, aunque desafortunadamente la mayoría de los turistas, sólo acuden para subir a dicha pirámide.
Por eso, nuestra entrevista él prefirió que fuera en «el juego de pelota», fueron casi diez minutos de video, aunque la charla duró más tiempo.
Ahí cerca hay una laguna a la vista de la gente y otra más escondida, recordemos que siempre las civilizaciones buscaban agua, las cuales eran sagradas, no solamente los cenotes, también, los manantiales, cuevas, así como lagos y lagunas, en todos esos lugares depositaban ofrendas (que varios mexicanos y extranjeros, han saqueado).
En mi entrevista en video, Saloma explica la historia de Cobá. Ahí le pregunté recomendaciones de libros, y de cómo se sentía en ese lugar, no como funcionario, sino como cualquier ciudadano.
Ese encuentro, me hizo reflexionar: ¿cuántas tumbas, o pirámides, o zonas arqueológicas hay cerca de Cobá, desde los pueblos de Macario Gómez, Francisco Uh May, ¿hasta la comunidad de Cobá? ¿Quiénes serán los dueños de esas tierras? ¿Son ejidos? ¿Estará privatizado todo eso?
Mi precaución es que, a mediano plazo, ese lugar se vuelva una zona comercial, algo parecido a lo que se volvió Tepoztlán, todo lo que está en el camino para el cerro del Tepozteco: de alguna manera tergiversan la cultura Indígena. Así puede suceder en esta carretera que va de Tulum a Cobá.
Esta preocupación mía, se enriqueció con mi charla con el arqueólogo José Manuel Ochoa Rodríguez, encargado (director) de la zona arqueológica de Tulum, quien amablemente me brindó una entrevista, (gracias a Margarito Molina).
Ochoa contó la importancia de ese sitio arqueológico, que originalmente era llamado «Zamá», y no Tulum. En el video nos cuenta del monumento dedicado al viento, así como al dedicado a la deidad descendente, entre otros aspectos.
Ese lugar es más grande lo que imaginamos, pero está cubierto por la selva. Es uno de los pocos que están frente al mar, ya me imagino cuando funcionaba como centro de intercambio comercial, pues llegaban hasta Centro América. Por ahí, enfrente del templo de «El Castillo», debe estar el túnel del tiempo que mencioné.
Ochoa nació en Tabasco, pero estudió en Mérida, y ha estado en varias zonas arqueológicas, conoce bien la península de Yucatán, eso, y su preparación como arqueólogo, le hace ver un panorama más amplio de Tulum y toda esa región.
Él también conoce y aprecia la revista de «Arqueología mexicana», en su edición dedicada a la Costa Oriental, la cual es difícil de adquirir.
Le pregunté un libro acerca de Tulum, el cual mostró en el vídeo, son fotocopias porque está agotado el original. Sería bueno que el gobierno estatal y federal por medio del INAH o del FCE lo pudieran volver a publicar.
También le conté de mi proyecto de fomento a la lectura, por medio de los libros de la colección «Vientos del pueblo», que publicó el FCE.
Irónicamente, hay una librería del FCE – EDUCAL casi adentro de la zona arqueológica de Tulum, pero ahora para entrar, se debe pagar la cuota que piden para la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) un organismo federal para cuidar la naturaleza, que yo tuve que pagar porque aunque fui en domingo, el pago es obligatorio, aunque yo no tengo interés en visitar árboles ni ver animales, eso lo debería revisar el gobierno federal, para que no paguemos al Parque del Jaguar ni a la CONANP a los que sólo queremos ir a la zona arqueológica de Tulum (el domingo es gratis pero para la CONANP el pago es forzoso).
Cabe mencionar que el FCE es una editorial del gobierno federal, que dirige acertadamente mi camarada Paco Taibo, tiene librerías en todo el país, y su librería hermana es EDUCAL también del gobierno federal, y que dirige mi camarada Fritz Glockner, ambos escritores de Izquierda.
Es ilógico que sí yo o una persona quiere comprar un libro, tenga que pagar a la CONANP para entrar a la librería. Por ejemplo, ¿los libros que mencioné de dicha colección “Vientos del pueblo?», los precios oscilan entre $12 y $20 pesos, es ilógico que para ir a la librería y comprar un libro, tenga que pagar a fuerza la entrada al Parque del Jaguar y de la CONANP, pues me saldría más cara la entrada que pagar $12 pesos de un libro, incluso en domingo, que la entrada es gratis al Parque del Jaguar y a la zona arqueológica, pero a la CONANP tuve que pagar $65 con mi credencial del INE.
La taquilla para la entrada está a unos metros de la librería, lo más sensato, es que hubiera personal autorizado, que nos dejaran entrar gratis y nos guiaran, a la gente que sólo queremos ingresar a la librería y después retirarnos.
Sé que eso no es responsabilidad ni del personal del INAH ni de EDUCAL- FCE sino directamente tendría que solucionarlo la Presidenta de México. En algún momento se lo voy a plantear.
Es de vital interés porque mi intención es recorrer varios lugares de Quintana Roo, fomentando los libros de dicha colección, y en este estado sólo hay dos librerías Educal – FCE: en el Museo Maya de Chetumal, que es fácil entrar, y la de Tulum que es complicada. Pues la de Cancún está cerrada desde hace años. Entonces, para la gente de la zona norte del estado les resulta caro viajar hasta Chetumal por un libro, lo que les queda es comprarlo por internet, sin embargo, podríamos rescatar la de Tulum.
Aunque ya lo he escrito en otros artículos, la intención de Taibo desde hace años, es abrir librerías del FCE en varias estaciones del Tren Maya, y yo le comenté mi interés en fomentar la lectura en dichos lugares (a lo que le agradó), entiendo que eso se ha detenido (la construcción y funcionamiento), por cuestiones burocráticas de la SEDENA que está a cargo del Tren.
A Saloma y a Ochoa les platiqué mi intención de presentar esos libros de la colección tanto en Cobá como en Tulum, les interesó, me sugirieron que en el pueblo de Cobá podría ser en su «Casa de cultura», y adentro de la zona arqueológica de Tulum, es complicado porque el turista lleva el tiempo medido, sólo visitan las «pirámides», y las agencias de viajes, se los llevan a otro lugar.
Pero Ochoa me sugirió que en dicha librería de EDUCAL quizá haya información al respecto, de mis actividades. Otro lugar que yo tengo como alternativa para presentar los libros, es afuera del Palacio municipal de Tulum.
Todo esto me nació, cuando fui a la inauguración de la zona arqueológica de Ichkabal, de parte del Presidente López Obrador (porque viví unos meses en Bacalar), ahí le comenté mis proyectos a Diego Prieto, entonces director del INAH, le planteé en el futuro hacer eventos culturales en Ixcabal, le interesó y me contactó con Ulises Leyva, de prensa del INAH.
Por cierto, Ichkabal cumplió un año de que fue abierto al público, y lo celebraron en el planetario de Chetumal, con exposición de fotos y conferencias. Lo mismo hicieron en el Museo Regional de la Costa Oriental en Tulum. El año pasado, también entrevisté a su encargado Luis Venegas.
Por cierto, el 3 de febrero, en el Museo Nacional de Historia, del Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México, se conmemoró, los 87 años de la creación del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), de parte del general y entonces Presidente de México, Lázaro Cárdenas.
En el centro de México, los españoles invasores destruyeron las pirámides y encima construyeron las iglesias, o en otros sitios, en dichos templos católicos, incrustaron piezas prehispánicas para que los indígenas acudieran al lugar. Además, los educaron con el castellano y la religión, para evangelizarlos y así tenerlos de peones para construir sus nuevas ciudades.
En la península de Yucatán fue distinto debido a la selva, y porque había, por decirlo, pequeñas «ciudades – estado» Mayas, no grandes metrópolis como Tenochtitlan. Eso dificultó la conquista española.
En el caso de Cobá, como me mostró Saloma, está casi intacto, no fue destruido por los españoles, sino que fue preservado por la vegetación. Y lo mismo podría decir de la zona arqueológica de Tulum, de ahí su importancia.
Sin embargo, ocurre algo preocupante: el sistema capitalista de los hoteles y bares y «centros culturales» de Tulum, metafóricamente y literal, sí destruyeron la cultura Maya y encima construyeron algo distinto, sus predicadores ya no son los frailes, ni misioneros ni sacerdotes, sino una elite de intelectuales: músicos, escritores, pintores, escultores y promotores culturales, que le sirven al funcionamiento a la zona turística de Tulum, porque ellos degradan a los indígenas como objetos de decoración, del pasado, y los muestran como algo folklórico, además, de desmovilizarlos, y quitarles su conciencia de clase en ideológica.
Obviamente no puedo generalizar, pero me doy cuenta que esos artistas (mexicanos y extranjeros), que pueden tocar Jazz, Rock o Son, lo hacen no para movilizar masas o crear consciencia, sino lo contrario, tocan para entretener al público en los hoteles y restaurantes.
Ellos tocan para una elite burguesa, a la que yo le llamo de «clase media», media sectaria, media clasista, media fascista, y media progresista. Son «Liberales», pero en el concepto estadunidense: están a favor de homosexuales y lesbianas, el aborto, la eutanasia, y a favor del uso de las drogas y el alcohol, pero no son de Izquierda, no buscan promover los derechos laborales de los obreros, ni de los indígenas, ni de los campesinos.
Ellos sirven para legitimar a varios hoteles y restaurantes, al realizar «ceremonias de cacao», de «sanación», de «meditación», «de la madre tierra», o de «la luna», al «despertar de la conciencia», así le llaman el drogarse o alcoholizarse. Y ese mercado es el que llega de varios países, incluso de Hollywood, o de varias estrellas de la televisión mexicana.
Es un mercado dirigido para la clase media que se cree intelectual, pero es «fresa» – liberal, algunos les llaman «Hipsters», o «Progres – buena ondita», son los mismo que van a Coyoacán, o habitan en la Colonia Roma o Condesa, de la Ciudad de México, y que conste que no estoy generalizando. Es incorrecto llamarlos «Hippies» porque los originales nacieron por oponerse a la guerra de Vietnam por parte de EUA.
Estos artistas viven entre Tulum y Playa del Carmen, y pueden ir a tocar hasta la zona hotelera de Cancún, y algunos lugares de Puerto Morelos, justamente a los bares, hoteles, «centros culturales «, y restaurantes que fomentan esa onda intelectual.
Esos poetas, pintores, y músicos no tocan para los Mayas (aunque hay indígenas ladinos) ni para los obreros ni campesinos, sino que se valen de ellos, ya que les conviene seguir manteniendo ese sistema capitalista para que puedan seguir tocando o actuando en dichos hoteles y bares, y centros culturales.
Desde el siglo XVI en el centro México, los españoles por medio de los frailes hicieron a los indígenas más dóciles, recordemos la vieja costumbre del indígena que le tenía que besar la mano al sacerdote. También los entretuvieron con el alcohol, las peleas de gallos y corridas de toros, en fiestas en los patios de las iglesias católicas.
A finales del siglo XIX el gobierno blanco, de Estados Unidos mandó a los indígenas «nativos» a las Reservaciones y les llevó el alcohol para promover el individualismo.
A finales de los 60, el gobierno estadunidense también metió las drogas a las universidades para que los jóvenes que estaban en contra de la guerra de Vietnam, se volvieran adictos.
Ahora en Tulum, el sistema capitalista también usa las drogas y el alcohol, en sus fiestas, en los hoteles, restaurantes y centros «ceremoniales», justamente para apaciguar no sólo a los indígenas Mayas, también a los obreros.
Y ahí los artistas que mencioné, juegan el papel de los evangelizadores del siglo XVI, la intención es la misma: desmovilizar, dejar dormidos a la clase proletaria e indígena. Y así estos «artistas – misioneros» se mueven por toda la Riviera Maya (Tulum y Playa del Carmen son su centro). Vean sus festivales y fiestas degeneradas famosas en el mundo, que estoy seguro ya están apareciendo en unos «archivos» gringos desclasificados.
Inconscientemente tratan de ocultar lo que fue la «guerra de Castas» de los Mayas, o hacerlos ver ante los turistas como objetos de decoración folklórica. Recordemos que Fray Diego de Landa destruyó los códices Mayas, argumentando que eran demoníacos. Esta élite racista quiere que los Mayas sigan dormidos y aislados. Pero tampoco debemos romantizarlos.
Esos músicos nacionales y extranjeros (sin generalizar) que viven en la Riviera Maya, son de la «Casta de artistas de la burguesía» que tienen una vida monótona: pueden tocar un jueves en un hotel de Cancún, un viernes en un restaurante de Tulum, un sábado en algún «centro cultural» de Playa del Carmen, y el domingo, en algún lugar donde puedan amenizar una comida.
Y durante la semana, volver a «ensayar» entre ellos, en sus casas, en noches de bohemia con sexo, drogas y alcohol, pero siempre rodeados de fiestas salvajes entre la selva y el mar. Es el círculo vicioso del Caribe mexicano que ellos perpetúan, como sí aún fueran jóvenes de 20 años.
Por eso, no son activistas políticos como mis admirados, el antibélico John Lennon (quizá por eso lo mataron), ni como Roger Waters que critica la situación en Medio Oriente (y a un grupo supremacista que no puedo citar porque me censura el algoritmo), ni como Bruce Springsteen que le compuso una canción al pueblo de Minneapolis.
En cambio, los que han seguido su tradición de lucha, son por ejemplo, el pueblo de Xochimilco, con todo y su sincretismo, ellos apoyaron a Emiliano Zapata, y en la actualidad hasta cierran calles para protestar. Y no se diga a mis aguerridos paisanos del estado de Guerrero.
Pero hace cien años, hubo unos hermanos que se preocuparon y ayudaron a los Mayas de Yucatán, los hermanos Elvia y Felipe Carrillo Puerto.
Eran del Partido Socialista del Sureste, y fomentaron las Ligas de resistencia, para crear consciencia de clase entre los Mayas, obreros y campesinos.
Felipe Carrillo Puerto como Gobernador de Yucatán, abrió el camino que lleva a Chichén Itzá, habló y tradujo al Maya la Constitución mexicana, creó escuelas para ellos, y fomentó el actual museo de Mérida y la que hoy es la Universidad Autónoma de Yucatán.
Fue fusilado por la Casta Divina (los abuelos de la Casta de Tulum), el 3 de enero de 1924, en Mérida.
Y Elvia Carrillo Puerto, nació el 30 de enero de 1881, en Motul, Yucatán, fue de las primeras diputadas locales de todo México, en Yucatán, en 1923, promovió la educación sexual y de natalidad de las mujeres, el divorcio, las escuelas para mujeres, y sobre todo, el voto femenino para sufragar y ser votadas, aunque después del asesinato de su hermano, ella huyó al centro del país, luego fue electa diputada local en San Luis Potosí, pero el gobierno federal se retractó en apoyarla, vivió y murió en la pobreza y casi en el olvido.
Mi amiga Miriam Saldaña, también diputada de Izquierda, por la Ciudad de México, escribió su tesis de maestría, sobre Elvia Carrillo Puerto, ojalá todo mundo la leyera. Ya la invité a Quintana Roo.
El machismo católico, se enfadó con Elvia, por eso, a inicios de los años 20, mediante el periódico «Excélsior», instituyeron «el día de la madre», el 10 de mayo, justamente para manipular y asegurar que la mujer sólo servía para hacer hijos, pero no para que fuera política ni activista social.
La misoginia religiosa ha querido que olvidemos a Elvia en los libros.
Recomiendo los libros: «Suku’ un Felipe», de Armando Bartra, publicado por el FCE. Ahí narra todas las jornadas de alfabetización política y cultural que hacían los hermanos y sus partidarios.
Y «Elvia Carrillo Puerto» de la autora Damiana Leyva Loría, también publicado por el FCE que pertenece a la colección «Vientos del pueblo», que estoy promoviendo. Cuesta $12 pesos, pero sería una imprudencia comprarlo en la librería de Tulum, porque primero tendrían que pagar la entrada al Parque del Jaguar y luego en la taquilla de la CONANP, saldría más cara la entrada que el libro.
Ese librito lo comenté en enero pasado, en la secundaria «Andrés Quintana Roo», de Cozumel, gracias a la gestión de mi amiga Eva Merino encargada de la biblioteca municipal, y al presidente José Luis Chacón.
Para comprender el periodo carrillista siempre recomiendo tres películas en este orden cronológico:
«Casta Divina» del director Julián Pastor. Y que pueden complementar con el libro «Salvador Alvarado», del autor Francisco J. Paoli, (Terra Nova. México), pues ese general fue enviado por Carranza para combatir a los dueños de las haciendas del Henequén en Yucatán, ellos se decían «la Casta Divina», porque se decían elegidos por el Dios católico para tener de esclavos a los Mayas, eran terratenientes de piel blanca, la mayoría hijos de españoles (aunque luego llegaron libaneses). Fueron una combinación de aristocracia y burguesía (como algunos lugares turísticos de la Riviera Maya).
Salvador Alvarado (y Carrillo) se dieron cuenta que los peores vicios para los Mayas, obreros y campesinos, eran el alcohol y el fanatismo religioso católico, por eso los prohibieron y crearon escuelas laicas.
La película «Peregrina» del director Mario Hernández. Sobre Felipe Carrillo Puerto y su amada Alma Reed, la periodista a la que le mandó componer la canción «Peregrina».
«Un embrujo», del director Carlos Carrera. Sobre la cosmovisión Maya vertida en el amor, pero también en la lucha sindical de los años 20 y 30 en Yucatán, cerca de Puerto Progreso.
Esas lecturas y libros estoy promoviendo por Quintana Roo, aunque sería fabuloso recorrer toda la península.
Justamente, en agosto pasado llevamos a Armando Bartra a Ichkabal, durante su presentación del libro que mencioné.
Cuando lo entrevisté en Chetumal, ahí dio varias propuestas, la que me resonó es que, deberíamos hacer encuentros, los militantes de Izquierda partidista, con gente de los tres estados de la península: Quintana Roo, Yucatán y Campeche, para conocernos, y tener identidad, y claro, para actuar.
Con lo que he visto estos meses, eso lo podríamos realizar en Tulum, justamente para contrarrestar a la «Casta burguesa» que ya describí, y aprovechando la carretera y ruta indígena: Chichén Itzá, Valladolid, Cobá y Tulum.
En mi pueblo, en Guerrero, cada dos años se realizaba un congreso del INAH donde varios expertos daban a conocer su trabajo, yo acudía como «oyente», algo similar se podría realizar en Tulum.
Igualmente, aprovechando la infraestructura hotelera, en Tulum se podrían realizar congresos o encuentros académicos entre varios universidades y escuelas públicas de toda la península de Yucatán, así poco a poco haríamos a un lado a dicha «Casta burguesa». Y que en lugar de los músicos «evangelizadores del letargo burgués», invitemos a trovadores de Izquierda, que ayuden con su letra a crear consciencia de clase.
Con todo lo anterior, se fomentaría otro tipo de turismo en Tulum, tanto nacional como internacional.
Pues me preocupa, que los artistas que describí, tanto nacionales como extranjeros, que viven en Tulum (y en Playa del Carmen), de alguna forma están fomentando una gentrificación clasista, creando «aldeas» (así les llaman), artificiales con gente blanca (o mestiza) pero con mentalidad colonizadora eurocentrista (como la de los españoles del siglo XVI) o inglesa liberal expansionista del siglo XIX en EUA, donde los indígenas quedan en la periferia y solo los utilizan para decorar sus hoteles, restaurantes y «centros culturales», pero no para movilizarlos ni como sujetos de derecho. Algo parecido, a un proyecto que se presentó en Davos, para la gente de Medio Oriente donde hay un conflicto bélico, los empresarios capitalistas ya se están repartiendo la reconstrucción.
La alternativa es el proyecto de gobierno que tuvieron los hermanos Carrillo Puerto, y debemos aprovechar cualquier símbolo de ellos, como el aeropuerto que lleva el nombre de Felipe Carrillo Puerto (y que atinadamente le puso su admirador el Presidente López Obrador), y lo mismo promover el municipio «Carrillo Puerto», de Quintana Roo, donde justamente se ubica dicho aeropuerto (pegado a Tulum).
En dicho municipio, el gobierno local y el del estado, promueven sus huipiles, elaborados por las mujeres indígenas, y que se están dando a conocer a nivel nacional e internacional, por medio de la Secretaría de Turismo y Cultura federales. Y el INAH está haciendo su esfuerzo en preservar los monumentos y sitios arqueológicos.
Toda esa Zona Maya, junto con el municipio de José María Morelos, y parte de Bacalar con Ichkabal, son el corazón indígena del sur de Quintana Roo.
La poeta indígena Irma Balam, asegura que no se trata sólo de hablar Maya, sino de enseñarlo.
Y en el libro comunitario de «Ja’ ab» nos enseñan el calendario Maya y sus meses, voy a citar, el periodo que me sirvió de inspiración para este artículo:
«Ya’ax K’iin: 11 de diciembre – 31 de diciembre.
En Ya’ax K’iin el tiempo es frío y seco porque el sol apenas calienta.
Desde mediados de octubre deja de llover, y la tierra se va secando hasta que en diciembre está completamente seca.
El sol se queda de manera estática sobre las mazorcas. El 21 de diciembre es la entrada del Solsticio de invierno.»

