En el complejo tablero de la economía global, donde los precios de los alimentos se dictan en mercados lejanos, existe una estructura milenaria que ha permitido a los pueblos indígenas de México mantener lo más sagrado: su autonomía. El estudio científico titulado «La agrobiodiversidad del agroecosistema traspatio como estrategia contra la pobreza extrema», publicado en la revista Polibotánica (2026), ofrece la evidencia definitiva de por qué el «solar» es, en realidad, una muralla contra la dependencia y el hambre.
La Soberanía se cultiva en casa
El concepto de soberanía alimentaria no es una idea abstracta; es la capacidad de una familia para decidir qué come y cómo lo produce. Según los datos del PDF, en comunidades con alta marginación, el traspatio es el motor que hace esto posible.
En localidades como Zacatianguis, el estudio revela que el autoconsumo alcanza un impresionante 60%. Esto significa que más de la mitad de la dieta diaria de estas familias no depende de un salario, de un supermercado ni de programas gubernamentales, sino de la gestión directa de sus recursos. Esta cifra es el indicador más puro de soberanía: la libertad de no depender del mercado para sobrevivir.
El Traspatio como escudo económico
La investigación demuestra que el solar es una herramienta de resiliencia económica sin parangón. En la comunidad de La Palma, el aporte del traspatio logra cubrir hasta el 23.81% de la línea de pobreza extrema.
El argumento es claro: mientras la economía externa es volátil, el traspatio es constante. El componente pecuario (aves y ganado menor) funciona como una «banca social». En momentos de crisis, la venta de estos animales genera ingresos que superan a los agrícolas, permitiendo a las familias indígenas enfrentar emergencias médicas o gastos educativos sin caer en el endeudamiento.
Biodiversidad: La farmacia y el banco genético
El solar no solo produce calorías, produce salud. El estudio destaca una alta presencia de plantas medicinales, lo que otorga a las comunidades una soberanía sanitaria inicial. En regiones donde el acceso a clínicas es limitado, el conocimiento empírico sobre estas plantas —que en comunidades como Amoxoyahuatl cuenta con una media de 27.5 años de experiencia— permite la autogestión de la salud básica.
El papel crucial de la mujer indígena
No se puede hablar de soberanía sin reconocer a sus guardianas. El PDF arroja un dato contundente: el 55.8% de los responsables de estos sistemas son mujeres. A pesar de enfrentar brechas educativas significativas (el 61.6% solo cuenta con primaria), las mujeres indígenas han mantenido la agrobiodiversidad de México. Ellas son quienes seleccionan las semillas, cuidan los animales y preservan las especies que el agronegocio industrial ha intentado desplazar.
Una advertencia para el futuro
Sin embargo, esta soberanía está bajo amenaza. La edad promedio de los productores supera los 50 años. El estudio advierte que la migración de los jóvenes hacia centros urbanos y turísticos está rompiendo el relevo generacional. Si perdemos el conocimiento del solar, perderemos la capacidad de alimentarnos por nuestra cuenta.
Conclusión
El solar o traspatio no es una práctica del pasado ni un síntoma de pobreza; es la estrategia de supervivencia más inteligente y sostenible de México. Los datos del PDF confirman que fortalecer estos sistemas es la ruta más directa hacia la justicia social. Defender el solar es defender la dignidad de los pueblos indígenas y asegurar que el derecho humano a la alimentación siga siendo una realidad tangible en el corazón de cada hogar mexicano.
Por. A.G. Infomración. Polibotanica.

