Imagen de Cozumel Gobierno 14 de enero a las 11:00 a. m. ·

Cozumel: El archipiélago expropiado


La historia oficial de Quintana Roo suele narrarse entre la épica de la Guerra de Castas y el éxito del turismo moderno. Sin embargo, en las páginas de la investigación de Gabriel Aarón Macías Zapata, surge una narrativa distinta y desgarradora: la de una isla que fue construida por refugiados para luego ser reclamada como botín por la élite política. Esta es la crónica de cómo Cozumel pasó de ser un santuario de libertad a un laboratorio de despojo legalizado.

I. El Génesis: El derecho del sudor

Todo comenzó en 1849. Cozumel no era el destino de cruceros que conocemos; era una frontera salvaje. El gobierno de Yucatán, desesperado por contener el avance de los mayas rebeldes, incentivó a familias de agricultores y marineros a poblar la isla. La promesa era sencilla pero sagrada: «Trabajen esta tierra, defiéndanla del enemigo, y tras seis años, será suya».

Durante décadas, los cozumeleños cumplieron su parte. Desarrollaron lo que Macías Zapata denomina «Territorialidad» y «Maritorialidad». No solo sembraban maíz y frutas; «sembraban» derechos sobre el mar. Aprendieron las rutas de la tortuga, el lenguaje de las corrientes y crearon una red comercial con Cuba y Estados Unidos. Eran soberanos de su horizonte.

II. El Robo «Legal»: La maquinaria de los «Científicos»

La estabilidad se rompió cuando el régimen de Porfirio Díaz decidió que el progreso no podía quedar en manos de pescadores. Bajo el dogma del liberalismo económico, el Estado activó la Ley de Terrenos Baldíos. En un acto de cinismo burocrático, el gobierno declaró que, como los habitantes no tenían títulos de propiedad formalizados (un trámite que el mismo Estado había omitido), la isla estaba «vacía».

Aquí entran los villanos de esta reseña: los hermanos Manuel y Justo Sierra Méndez. Miembros de la élite intelectual conocida como «Los Científicos», utilizaron su cercanía con el poder para obtener concesiones masivas. En 1884, se les entregó Cozumel en bandeja de plata. Manuel Sierra se convirtió, por decreto, en dueño de más de 26,000 hectáreas, el 66% de la superficie deslindada. El robo no fue con pólvora, sino con tinta: los dueños originales se convirtieron, de la noche a la mañana, en «invasores» o «arrendatarios» obligados a pagar renta por sus propias casas.

III. La «Maritorialidad» Secuestrada: Rejas en el Océano

El despojo alcanzó su punto más cruel cuando el gobierno intentó privatizar el mar. La «maritorialidad» —ese conocimiento ancestral de los pescadores— fue ignorada para entregar concesiones exclusivas de explotación de tortuga y recursos marinos a los mismos empresarios.

El pescador libre, aquel que alimentaba a su familia y comerciaba con el Caribe, fue asfixiado por impuestos y prohibiciones. El Porfiriato intentó ponerle cercas al agua, rompiendo la «interfaz» económica de la isla. Se buscaba transformar al marino independiente en un peón de mar, eliminando la autonomía que había permitido a Cozumel sobrevivir a la guerra y al aislamiento.

IV. Un Legado de Resistencia y Fracaso

El estudio de Macías Zapata revela una verdad incómoda: el modelo de las grandes concesiones fue un fracaso rotundo. Los Sierra y sus socios no trajeron el desarrollo prometido; solo trajeron especulación y conflicto. Mientras ellos esperaban que las tierras subieran de valor desde sus despachos en la capital, los cozumeleños resistían, enviando cartas de protesta y apelando al «derecho de primera posesión».

Esta investigación no es solo un viaje al pasado; es un espejo de las tensiones que aún hoy vive Quintana Roo. La lucha entre el desarrollo impuesto desde el centro y la vida de quienes habitan el territorio sigue vigente.

Cozumel no fue «descubierta» por el capital ni «salvada» por el gobierno; fue construida por manos humildes que luego fueron traicionadas por un sistema legal diseñado para favorecer a los amigos del poder. La historia de Cozumel es la historia de una maritorialidad secuestrada que, a pesar de todo, se niega a olvidar sus raíces.

Por. A.G. Información. UDAY Revista Antropologica

Deja un comentario