Mientras las estadísticas nacionales presentan números fríos, en las comunidades de la Península de Yucatán, el diagnóstico de VIH en mujeres indígenas suele ser la conclusión de toda una vida de silencios y opresiones. Aunque un estudio reciente se enfocó en Oaxaca, los datos para la región Maya son una señal de alarma que no podemos ignorar: el 22.61% de nuestras mujeres indígenas reporta haber vivido algún tipo de violencia.
Quintana Roo y Yucatán: puntos críticos
El estudio resalta que los estados de Quintana Roo y Yucatán concentran altos niveles de pobreza y localidades marginadas, factores que los investigadores identifican como «motores» que impulsan el riesgo de contagio de VIH.
- Pobreza y Migración: En nuestro estado, la necesidad económica obliga a muchas jóvenes a salir de sus comunidades para emplearse en el trabajo doméstico o servicios turísticos. Al estar lejos de su red de apoyo familiar, quedan en una vulnerabilidad extrema ante parejas violentas o abusadores.
- La Barrera del Idioma: En las comunidades donde predomina la lengua maya, las mujeres monolingües enfrentan la mayor prevalencia de violencia (28.43%) debido a la falta de servicios de salud y justicia culturalmente pertinentes.
El «deber ser» que enferma
El análisis etnográfico revela que en las comunidades indígenas se ha «naturalizado» que la mujer sea sumisa y dedicada exclusivamente al cuidado del marido. Esta estructura patriarcal, presente también en nuestra zona, impide que las mujeres tengan autonomía sobre sus propios cuerpos:
«Las mujeres son de casa… se dedican a sus maridos y los maridos todo el tiempo están en el campo o en su trabajo».
Esta falta de poder para decidir sobre su vida sexual, sumada al alcoholismo identificado como un detonante principal de agresiones físicas en los pueblos, crea el escenario perfecto para la transmisión del virus por parte de sus propias parejas.
Geografía de la violencia en regiones indígenas
El estudio cita la Encuesta de Salud y Derechos de las Mujeres Indígenas (ENSADEMI), la cual arroja porcentajes específicos de prevalencia de violencia en diversas zonas del país:
- Chiapas: La región de los Altos de Chiapas registró la mayor prevalencia de violencia contra mujeres indígenas en el país.
- Veracruz: La región de Zongolica presentó una prevalencia del 28.31%.
- Estado de México / Michoacán: La zona Mazahua-Otomí registró un 27.86%.
- Región Huasteca: Presentó una prevalencia del 26.65%. Específicamente en los estados de Hidalgo y San Luis Potosí, se identificó que la violencia sexual es la que más predomina, aunque es la que menos se denuncia o nombra.
- Península de Yucatán: La región Maya reportó una prevalencia del 22.61%.
- Oaxaca: La región Chinanteca (donde se realizó el estudio) registró un 21.55%.
Factores de riesgo por estado y movilidad
La problemática no se limita al lugar de origen; la migración y la marginación estructural juegan un papel clave:
- Estados con mayor pobreza y marginación: El documento destaca que la mayor parte de la población indígena vive en el sur y sureste, concentrándose los niveles más altos de pobreza en Yucatán, Oaxaca, Chiapas y Quintana Roo.
- Migración: Se estima que en México hay tres millones de indígenas que son migrantes internos y dos millones que migran hacia Estados Unidos. Estos procesos migratorios suelen exponer a las mujeres a relaciones sexuales de riesgo y mayor vulnerabilidad.
- Incidencia de VIH en Oaxaca: Este estado ocupa el décimo lugar en casos de VIH a nivel nacional. Entre 2020 y 2024, se registraron 311 nuevos casos de mujeres seropositivas en la entidad.
Un llamado a la comunidad
Para que las leyes de acceso a una vida libre de violencia dejen de ser letra muerta en Quintana Roo, es necesario que las instituciones educativas y de salud hablen el idioma de la gente y respeten su cultura, pero sin tolerar el abuso. El VIH no es solo un problema médico; es el síntoma de una sociedad que aún permite que sus niñas crezcan entre golpes y miedo.
Por. A.G. Información. CDC UA

