Imafen de TulumTours 28 de septiembre de 2020 ·

Ts’ono’ot: El grito silencioso del acuífero Maya ante la crisis ambiental

Lo que para muchos turistas es un simple escenario fotográfico, para la ciencia es un organismo vivo y complejo que está enviando señales de auxilio. Un profundo análisis publicado en la revista científica Ecofronteras revela que los cenotes (del maya ts’ono’ot) son los mensajeros de uno de los sistemas hídricos más vastos y, a la vez, más vulnerables del planeta.

Anatomía de un gigante invisible

El sistema Sac Aktun (Cueva Blanca) se consolida como uno de los acuíferos más grandes del mundo. No es solo agua estancada; es un flujo vital que nutre desde la selva profunda hasta las poblaciones humanas que dependen totalmente de él para sobrevivir.

La estructura de estos pozos es un prodigio de la naturaleza conocido como sistema anquihalino:

  • La Capa de Agua Dulce: Flota en la superficie por ser menos densa, alimentada por milenios de lluvia.
  • La Haloclina: Una «nube» o barrera líquida situada aproximadamente a los 30 metros de profundidad donde el agua dulce se encuentra con la salada. Es aquí donde ocurre un reciclaje crítico de nutrientes gracias a microorganismos especializados.
  • La Conexión Marina: En el fondo, el agua del Mar Caribe fluye a través de las entrañas de la roca caliza.

El diagnóstico: una belleza que se tiñe de riesgo

La importancia de este ecosistema radica en su red trófica, que sostiene desde bacterias microscópicas y zooplancton hasta especies emblemáticas como el cocodrilo Morelet y aves como la garza morena. Sin embargo, esta red está sufriendo alteraciones drásticas debido a la actividad humana:

  • Eutrofización: El exceso de nutrientes provenientes de la agricultura y aguas residuales está transformando el agua cristalina en un caldo verde y turbio.
  • Contaminación Emergente: Se ha detectado la presencia de productos químicos complejos, como fármacos y cosméticos, que se filtran al acuífero.
  • Pérdida de Transparencia: La salud del cenote se mide en su color; cuando las algas crecen descontroladamente por la contaminación, la luz deja de llegar a las profundidades, rompiendo el ciclo de la fotosíntesis.

La ciencia y los «acuanautas» al rescate

Para realizar este reporte, los investigadores han contado con el apoyo de apneístas (buzos que se sumergen sin tanques de aire), quienes ayudan a documentar paisajes que parecen «de otro planeta» a profundidades de hasta 75 metros.

Estos esfuerzos buscan traducir el «idioma» del agua: midiendo parámetros como el pH, oxígeno disuelto, nitrógeno, fósforo y el material genético de los microorganismos que residen en el acuífero. Comprender estos datos es la única vía para garantizar que el suministro de agua potable para los habitantes de la Península de Yucatán no se colapse.

«Los cenotes somos finitos y frágiles. La acción de los humanos nos afecta, así como nuestros cambios los afectan a ellos».

Conclusión y causa

La nota periodística no es solo informativa, es un llamado a la acción. La resiliencia de los cenotes tiene un límite. La protección de los bosques de manglar circundantes, que actúan como filtros naturales liberando taninos, es esencial para mantener el equilibrio químico del sistema. Sin una intervención consciente de la sociedad y las autoridades, el «mensajero de agua y vida» podría convertirse en un heraldo de escasez.

Por. A.G. Información. ECOSUR.

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