Mientras el sistema de salud convencional enfrenta retos de infraestructura y desabasto, en los rincones más profundos de Quintana Roo la salud ha llegado, durante 30 años, en el maletín de un solo hombre. El Dr. Francisco Javier Lara Uscanga, actual presidente del Colegio de Médicos del estado, cumple tres décadas de transformar el juramento hipocrático en una cruzada de servicio social.





Del sismo de 1985 a la selva maya
La vocación de Lara Uscanga no nació en la comodidad de un consultorio privado, sino entre los escombros. En septiembre de 1985, siendo estudiante de la Universidad Veracruzana, se sumó como voluntario para auxiliar a los damnificados del terremoto en la Ciudad de México. Bajo el patrocinio del Club Rotario y la guía de sus catedráticos, descubrió que la medicina es, ante todo, una herramienta de justicia social.
Esa chispa encendida en la capital del país se trasladó a Quintana Roo, donde por 30 años ha recorrido desde las zonas urbanas marginadas hasta las comunidades mayas más remotas. Su labor ha sido itinerante y resiliente: ha brindado consulta lo mismo en plazas comerciales que bajo la sombra de un árbol en la Zona Maya.
Un modelo de medicina participativa
A diferencia de las brigadas institucionales temporales, el enfoque del Dr. Lara Uscanga es participativo. No solo entrega diagnósticos y medicamentos gratuitos, sino que fomenta el desarrollo social y la responsabilidad ciudadana en las comunidades que visita.
«Muchos años de servicio social comunitario, por elección propia», afirma el galeno, cuya satisfacción reside en devolver la esperanza a quienes se sienten olvidados por el sistema.
Su trabajo ha impactado directamente en la calidad de vida de pueblos originarios y asentamientos rurales, donde el acceso a un especialista es, a menudo, un lujo inalcanzable. Para Lara Uscanga, la ética médica no es un concepto abstracto, sino una práctica diaria que exige empatía y presencia física donde más duele la carencia.
Liderazgo y compromiso gremial
Como líder del Colegio de Médicos de Quintana Roo, ha logrado amalgamar su labor altruista con la representación profesional. Su figura representa un equilibrio poco común: la autoridad científica del gremio y la sensibilidad del médico de campo. En un contexto estatal donde la brecha de desigualdad sigue siendo un reto, su labor sirve como un recordatorio para las nuevas generaciones de médicos sobre la esencia humana de la profesión.
Por. A.G. Información. La fuerza del sur.

