En un contexto donde el deporte se ha convertido en la herramienta de emancipación más poderosa de la Zona Maya, las Diablillas Mestizas de Hondzonot reafirmaron su hegemonía regional tras vencer 14-1 a su similar de Xuilub. Este encuentro, disputado bajo condiciones climáticas extremas, no solo suma una victoria al registro del equipo quintanarroense en este 2026, sino que marca un hito en la sostenibilidad del proyecto con el debut de Paulina May May y Apolonia Nahuat May, de 12 y 14 años respectivamente.
El ascenso de las Diablillas no es un hecho aislado, sino la punta de lanza de un movimiento social y deportivo que está reescribiendo el rol de la mujer indígena en la Península de Yucatán.






El deporte como ritual cultural
Más allá de las carreras anotadas bajo un «calor infernal», la importancia de este equipo radica en cómo han transformado el diamante de sóftbol en un espacio de afirmación cultural:
- Identidad Cultural como Uniforme: No utilizan uniformes deportivos convencionales; juegan con el huipil o hipil bordado a mano. Esta prenda no es solo ornamental, es un símbolo de una cultura que se niega a ser invisibilizada y que ahora ocupa estadios de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB).
- La Conexión con la Tierra: La práctica de jugar descalzas (como se observa en las imágenes) ha sido analizada como una muestra de destreza técnica que optimiza el equilibrio y la agilidad en terrenos de tierra compacta, pero también representa una conexión táctil directa con su territorio.
- La Lengua como Estrategia: Durante los partidos, el idioma maya es el principal vehículo de comunicación táctica, fortaleciendo la identidad lingüística frente a las nuevas generaciones.
Guerreras de la milpa: un origen de resistencia
Para entender la grandeza de las Diablillas, hay que mirar hacia atrás, a su natal Hondzonot, Tulum. Este equipo no nació en academias de lujo ni con patrocinios de marcas deportivas; surgió en 2018 como un acto de libertad de un grupo de mujeres, artesanas y amas de casa, que buscaban un respiro de las tareas del hogar.
En sus inicios, la carencia de recursos se suplió con ingenio:
- Herramientas improvisadas: Comenzaron practicando con palos de madera y pelotas de tenis ante la falta de equipo profesional de sóftbol.
- Identidad por necesidad: Jugar con el huipil típico y descalzas no fue una táctica publicitaria, sino una realidad cotidiana que se transformó en su sello distintivo.
- Evolución táctica: Descubrieron que el calzado deportivo les estorbaba en la tierra roja y el pasto de la zona, por lo que correr descalzas se convirtió en una técnica de movilidad superior.
El Huipil como armadura y la tierra como guía
Hoy, las Diablillas son un fenómeno internacional que desafía la lógica del deporte moderno. Su uniforme es el huipil bordado, una armadura cultural que reivindica la presencia de la mujer maya en espacios que históricamente les fueron negados. Jugar sin calzado no es falta de equipo, es una conexión profunda con la tierra, una destreza que les permite «sentir» el campo y dominarlo como nadie más puede hacerlo.
Sangre nueva en el diamante
El triunfo en Yucatán también fue el escenario del relevo generacional. Las adolescentes Paulina May May (12 años) y Apolonia Nahuat May (14 años) hicieron su debut oficial, recibiendo la tradicional “patadita de la suerte” de sus compañeras. Este acto asegura que el espíritu de las «Amazonas del diamante» seguirá vivo en las nuevas generaciones de mujeres mayas.
Como bien señala Manuel “Pio” Jiménez, vocero del equipo: «Llegar hasta aquí no ha sido fácil; se necesita voluntad, coraje y amor al deporte». Las Diablillas de Hondzonot no solo ganan partidos; ellas están bateando barreras de género y corriendo las bases de una historia donde la cultura maya es la protagonista absoluta.
Por. A.G. Información. Carillo Puerto en vivo.

