Imagen de alcaldía Milpa Alta

Mujeres de la tierra: la resistencia campesina que nace del fogón en Milpa Alta

En la periferia de la capital, donde el asfalto cede el paso a los sembradíos, un grupo de mujeres ha transformado el trabajo con la tierra en un escudo contra la violencia sistémica. La colectiva Mujeres de la Tierra, Mujeres de la Periferia, ubicada en la alcaldía Milpa Alta, ha consolidado un modelo de organización comunitaria que entrelaza la autonomía económica con la sanación emocional frente a la violencia intrafamiliar.

Un refugio frente a la crisis y el aislamiento

El proyecto cobró una relevancia crítica a raíz de la pandemia por COVID-19. Durante el confinamiento, muchas mujeres en la zona no solo enfrentaron la precariedad de la economía informal, sino también un alarmante incremento en los niveles de violencia doméstica debido a la dependencia económica y la convivencia forzada con sus agresores.

Ante este escenario, la colectiva se erigió como un espacio seguro de escucha y formación. Según testimonios recogidos en la investigación de Jairo Castro Villagómez, el grupo surge para romper el silencio y ofrecer alternativas reales a quienes no podían abandonar entornos violentos por falta de ingresos propios.

«Abrazar la tierra»: Saberes que emancipan

La estrategia de estas mujeres se basa en lo que denominan «abrazar la tierra y el fogón». A través de la producción autogestiva de alimentos derivados del maíz como tlacoyos, tortillas y tamales, las integrantes han logrado generar ingresos que distribuyen en diversos puntos de la ciudad, incluyendo estaciones del metro.

Sin embargo, el proyecto trasciende lo meramente comercial:

  • Trueque de saberes: Realizan encuentros para intercambiar conocimientos ancestrales y formación feminista decolonial.
  • Soberanía alimentaria: Reivindican el cultivo sustentable frente a la lógica extractivista, reconociendo a la tierra como un cuerpo que también sufre violencia.
  • Acompañamiento integral: Combinan los talleres productivos con círculos de diálogo para procesar las violencias vividas, entendiendo que no hay independencia económica real sin un proceso de sanación.

La sororidad como pacto político

La investigación destaca que la sororidad en Milpa Alta no es solo un concepto afectivo, sino un «pacto ético y político». Este se manifiesta en acciones cotidianas: cuidar a los hijos de una compañera, acompañarla a realizar denuncias legales o brindar apoyo económico en momentos de crisis.

Al levantar la voz y ocupar el espacio público, estas mujeres campesinas desafían los estereotipos de pasividad y demuestran que la emancipación se construye desde lo local. Su lucha es un recordatorio de que, en los márgenes de las instituciones estatales, la comunidad es capaz de tejer sus propias redes de justicia y dignidad.


Por. A.G. Información. Revista ACANITS Redes Temáticas de Investigación en Trabajo Social

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