Imagen de Cluster Minero de Chihuahua AC

Minería y luchas eco-territoriales en méxico: el mapa del saqueo

La minería moderna en México no comenzó con una pica y una pala, sino con una pluma y un contrato. Antes de que el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) abriera las puertas al capital extranjero, el Estado mexicano realizó lo que expertos llaman como el «pecado original»: la privatización de los activos mineros nacionales a precios de subasta para beneficiar a una élite local.

Los rostros de la minería nacional

Estos nombres no solo son los más ricos de México, sino los dueños de la infraestructura que permitió la entrega del territorio:

  • Jorge Larrea (Grupo México): El llamado «Rey del Cobre», quien adquirió los activos más valiosos del país en procesos señalados por su falta de transparencia.
  • Alberto Baillères (Industrias Peñoles): Magnate de la plata, cuya influencia política facilitó la expansión del sector.
  • Carlos Slim (Minera Frisco): El hombre más rico del país, quien sumó el extractivismo a su emporio diversificado.
  • Xavier Autrey Maza y Alonso Ancira (Grupo Acerero del Norte): Protagonistas de la entrega siderúrgica y minera del norte.

El andamiaje legal: la Ley de 1992

En 1992 se gestó la trampa legal. Se reformó la Ley Minera para declarar esta actividad como prioritaria sobre cualquier otro uso del suelo. Esto significa que, legalmente, una mina vale más que un campo de maíz, una reserva de agua o el hogar de una familia. Bajo este esquema, entre 1994 y 2018 se entregaron 45,000 concesiones, cubriendo el 50% del territorio mexicano sin consultar jamás a los pueblos indígenas, violando el Convenio 169 de la OIT.


El asalto transnacional: canadá, ee.uu. y la tecnología de la muerte

Una vez que la oligarquía local aseguró el control, el capital extranjero principalmente de Canadá y Estados Unidos desembarcó con una fuerza devastadora. Utilizando lo que se conoce como «Minería Planetaria», estas empresas emplean IA, robótica y satélites para destruir montañas enteras en busca de partículas microscópicas de metal.

El cártel minero canadiense

Canadá no es solo un socio comercial; es el mayor interventor del subsuelo mexicano. Su gobierno utiliza la diplomacia para proteger a empresas con historiales oscuros:

  • Pan American Silver: En La Colorada, Zacatecas, esta empresa es recordada por el terror. En 2017, tras promesas de progreso, familias denunciaron la destrucción física de sus hogares y el desplazamiento forzado para ampliar túneles de oro y plata.
  • First Majestic Silver y Agnico Eagle: Firmas que dominan el paisaje del norte, dejando tras de sí una huella hídrica imborrable.
  • Torex Gold: Operadora en el peligroso «Cinturón de Oro» de Guerrero, donde la extracción convive con la violencia extrema.

El gigante del norte: Newmont (EE.UU.)

Estados Unidos opera la joya de la corona: la mina Peñasquito en Zacatecas. Este megaproyecto de tajo abierto es un agujero negro de recursos. Consume millones de metros cúbicos de agua en una de las zonas más áridas del país, dejando a las comunidades agrícolas sin el líquido vital para sus cultivos.

Dato Crítico: La minería planetaria de baja ley remueve toneladas de roca para obtener apenas gramos de mineral, generando montañas de «jales» (lodos tóxicos) que contienen cianuro y metales pesados, amenazando los acuíferos por generaciones.


Guerra por el territorio: narco-minería y el despertar de los pueblos

La minería en México no solo compite con el agua; ahora compite con la vida. La investigación destaca un fenómeno siniestro: la incursión del crimen organizado en la cadena extractiva.

El factor del crimen: los «Actores Territoriales Armados»

Los carteles han diversificado su negocio. Ya no solo trafican drogas; ahora actúan como «ejércitos de sombra» en las zonas mineras:

  1. Extorsión y Control: Cobran «piso» a las mineras y a los trabajadores.
  2. Silencio Forzado: Actúan como un brazo represor informal que amenaza, desaparece o asesina a los líderes comunitarios que se oponen a las concesiones.
  3. Gobernanza Híbrida: En zonas de Guerrero, Michoacán y Zacatecas, el narco es quien decide quién entra y quién sale del territorio minero.

La minería es, oficialmente, la actividad más conflictiva de México. Tres inventarios distintos muestran una realidad de guerra civil silenciosa:

Fuente de DatosConflictos SocioambientalesConflictos por Minería
Víctor Toledo (UNAM)560173
Conversing with Goliath336155
EJAtlas (Global)21845

La luz de la resistencia: el éxito de la autonomía

A pesar de la pinza formada por las empresas, el Estado y el crimen, hay comunidades que han ganado.

  • Sierra Juárez de Oaxaca: El pueblo zapoteco es el ejemplo máximo. Mediante la «comunalidad», rechazaron las mineras y crearon sus propias empresas de ecoturismo y silvicultura. Han demostrado que el territorio se defiende con organización, no con armas.
  • FAO en San Luis Potosí: Lograron frenar el avance de la canadiense New Gold, salvando el centro histórico de San Pedro de ser devorado por la maquinaria.

Conclusión editorial

México no está en una bonanza minera; está en un proceso de subordinación transnacional. Mientras el metal fluye hacia las bóvedas de Toronto y Nueva York, en las tierras de Zacatecas, Guerrero y Oaxaca se quedan los jales tóxicos, la sangre de los defensores y el polvo de los hogares destruidos. La lucha eco-territorial es, hoy por hoy, la última línea de defensa de la soberanía nacional.

Por. A.G. Informción Anthropology of Free Trade; American Ethnologist

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