En las profundidades de la Depresión Central de Chiapas, un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha logrado descifrar nuevas claves sobre cómo las antiguas sociedades zoques interactuaban con su entorno a través del arte rupestre. Lejos de ser simples dibujos en piedra, estas manifestaciones representan un complejo sistema de comunicación y ritualidad que ha sobrevivido por siglos en lugares de acceso casi imposible.
Un enfoque en los sentidos: La Arqueología Fenomenológica
A diferencia de los estudios descriptivos tradicionales, esta investigación, liderada por el arqueólogo Josuhé Lozada Toledo, utiliza la fenomenología para entender el pasado. Este enfoque no solo analiza la imagen, sino la experiencia del cuerpo: el esfuerzo físico para escalar las paredes de un cañón, el eco que se produce al hablar dentro de una cueva y la textura de la roca que fue tocada por miles de manos en la antigüedad.

«Lugares Cerrados» vs. «Lugares Abiertos»: Dos mundos rituales
El estudio identifica dos tipos de espacios que dictaban cómo se vivía la religión en la región zoque:
- Santuarios de Élite (Lugares Cerrados): Ubicados en simas, dolinas y cuevas de difícil acceso (como la Sima de las Cotorras o el Tapesco del Diablo), donde solo especialistas rituales o escaladores expertos podían llegar. En estos sitios, el sonido se amplifica, creando una atmósfera mística ideal para ceremonias privadas.

- Centros de Peregrinación (Lugares Abiertos): Riscos y bloques de piedra con alta visibilidad, diseñados para ser vistos por grandes grupos durante peregrinaciones religiosas. Aquí, las pinturas suelen estar al alcance de la mano, permitiendo que los devotos tocaran la piedra para comunicarse con entidades espirituales.

Hallazgos Iconográficos: Del hombre al conejo sagrado
El catálogo de figuras recuperado es fascinante y se divide principalmente en tres grupos:
- Figuras Antropomorfas: Representaciones humanas en «actitudes dinámicas» que portan antorchas, lanzas e instrumentos musicales como tambores o cascabeles. Un detalle revelador es que muchas figuras solo tienen resaltados los ojos y la nariz, sugiriendo que para los antiguos zoques, la visión y el olfato eran los sentidos primordiales en el ritual.

- Antropozoomorfos (Seres híbridos): Se han documentado figuras que combinan rasgos humanos con orejas y colas de conejo. El conejo, explica la investigación, era un animal sagrado vinculado a la luna, la fertilidad y el inframundo.

- Rostros y Máscaras: Destacan rostros pintados en rojo que parecen representar fuerzas espirituales o seres anímicos a quienes se les pedía lluvia, salud y bienestar.

La Herencia Viva: Del Carnaval al Ritual
Lo más sorprendente de este estudio es el vínculo que establece con el presente. Los actuales zoques de Ocozocoautla aún conservan tradiciones que parecen reflejarse en las pinturas rupestres. Por ejemplo, el uso de «coronas de mazorcas» en festividades y el empleo de cascabeles en las pantorrillas durante las danzas del Carnaval Zoque guardan una similitud asombrosa con los motivos hallados en la Sima de Las Cotorras.

Incluso hoy, algunas comunidades siguen visitando cuevas como la de «Hierbachunta» para realizar peticiones de lluvia, manteniendo viva una conexión espiritual con el paisaje que inició hace más de mil años.


Conclusión: Un patrimonio bajo amenaza
Aunque estos sitios datan mayoritariamente del periodo Posclásico (tras el colapso de las grandes ciudades mayas), su ubicación en zonas agrestes los ha protegido del tiempo, pero no del olvido institucional. Este estudio no solo es un aporte académico; es un llamado a reconocer y proteger las «cápsulas del tiempo» que guardan la memoria de uno de los pueblos originarios más resilientes de México: los zoques
Por. A.G. Información. El arte rupestre en la región zoque de Chiapas. Algunas consideraciones desde un enfoque fenomenológico. Península

