Detrás de las etiquetas doradas y el prestigio global del tequila, se esconde una realidad alarmante que amenaza la sostenibilidad de Jalisco. La expansión descontrolada del monocultivo de agave está vulnerando de manera estructural el derecho humano a un medio ambiente sano, transformando el paisaje tradicional en un escenario de degradación ecológica y precarización social.
Un crecimiento sin precedentes
En la última década, la superficie sembrada de Agave tequilana Weber variedad azul ha crecido un impactante 167%, superando las 130 mil hectáreas en la región. Este fenómeno, impulsado por una demanda internacional creciente, ha sustituido el histórico mosaico de milpas, huertos y selvas bajas por hileras uniformes de agave destinadas exclusivamente a la exportación.
Aunque las cifras económicas presentan esta expansión como un éxito de inversión y empleo, el estudio realizado por Yahaira Padilla López y Julio César Vázquez-Colunga revela que los costos ocultos son devastadores:
- Crisis Hídrica y Contaminación: La industria genera anualmente entre 4 y 5 mil millones de litros de vinazas, un residuo líquido con alta carga contaminante que suele verterse en suelos y ríos sin el tratamiento adecuado.
- Erosión del Suelo: La siembra intensiva en laderas, sin barreras vegetales, está provocando una pérdida severa de materia orgánica y profundidad del suelo, lo que obliga a un uso cada vez mayor de fertilizantes sintéticos.
- Riesgos a la Salud: El uso intensivo de agroquímicos, incluyendo el glifosato —clasificado como probable carcinógeno—, pone en riesgo directo la integridad física de los jornaleros y pobladores locales.
- Amenaza a la Biodiversidad: La práctica de cortar el agave antes de su floración para concentrar azúcares interrumpe el ciclo alimentario de polinizadores clave como los murciélagos magueyeros, afectando la regeneración de los ecosistemas.
De la prosperidad a la desposesión
El modelo, descrito como «extractivismo agrario», ha alterado profundamente el tejido social. Muchas familias campesinas han dejado de producir sus propios alimentos para arrendar sus parcelas a grandes tequileras. Si bien esto genera ingresos inmediatos, a largo plazo las comunidades pierden su soberanía alimentaria y su identidad cultural ligada a la tierra.
Además, el estudio denuncia condiciones laborales precarias para los jornaleros, muchos de ellos migrantes, quienes enfrentan jornadas extensas sin equipo de protección ni seguridad social.
El camino hacia la sostenibilidad
Para garantizar la viabilidad futura de la industria, los investigadores proponen una transformación urgente de la gobernanza territorial. Entre las medidas sugeridas destacan:
- Integrar criterios ambientales y sociales obligatorios en la regulación del tequila.
- Proteger de forma estricta las zonas de recarga hídrica y los ecosistemas frágiles.
- Avanzar hacia la prohibición progresiva del glifosato y fortalecer la agroecología.
- Garantizar el derecho de las comunidades a la información y participación en decisiones ambientales.
La conclusión es clara: el tequila no puede seguir siendo un símbolo de orgullo nacional si su producción erosiona la dignidad y el entorno de quienes lo hacen posible.
Ficha Bibliográfica (APA)
Por. A.G. Información. SciELO Preprints.

