La capital de Quintana Roo se encuentra bajo una amenaza latente que combina el impacto de la naturaleza con el riesgo tecnológico. El fenómeno, denominado «Natech», ha puesto en evidencia la extrema vulnerabilidad de Chetumal, donde la falta de planeación urbana y la obsolescencia de los protocolos de emergencia exponen a miles de ciudadanos a posibles desastres químicos durante las temporadas de inundaciones.
El peligro oculto bajo el agua
Las inundaciones registradas en 2022 y 2024, que sumergieron más del 60% de la zona urbana, no solo trajeron consigo daños materiales, sino una alerta crítica: la presencia de combustible en los flujos pluviales. La filtración de gasolina y otros químicos en las aguas que inundan las calles confirma que la infraestructura de almacenamiento de hidrocarburos en la ciudad es vulnerable ante el exceso de humedad y el reblandecimiento del suelo kárstico.
Esta situación convierte a las zonas residenciales en puntos críticos de riesgo de explosión o contaminación masiva cada vez que las lluvias superan la capacidad de absorción del terreno.
Chetumal: Una ciudad sin escudo
La gestión de riesgos en la capital enfrenta una crisis de recursos y estrategia. Actualmente, las autoridades operan con un Atlas de Riesgo que no se actualiza desde 2011, el cual ignora por completo la peligrosidad de las gasolineras y gaseras ubicadas en zonas de alta densidad poblacional.
A este vacío informativo se suma una infraestructura de drenaje colapsada que mezcla aguas pluviales con residuos fecales, y una dirección de Protección Civil que, con apenas 30 elementos, resulta insuficiente para atender a una población de más de 233 mil habitantes.
Negligencia institucional y urbana
La proliferación de estaciones de combustible cerca de escuelas, hospitales y centros comerciales es el resultado de décadas de permisos otorgados sin una visión de seguridad integral. Mientras la inversión pública se concentra en el sector turístico, las obras de infraestructura crítica y los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) para riesgos químicos son inexistentes.
Hoy, la seguridad de los chetumaleños depende más de las redes sociales y la organización vecinal que de los protocolos oficiales, los cuales han demostrado ser lentos y reactivos ante la emergencia.
Llamado a la acción preventiva
Para evitar una tragedia mayor, es imperativo que la administración pública transite hacia una cultura de prevención que incluya la reubicación de puntos de riesgo, la inversión en drenaje pluvial especializado y la creación de refugios equipados para contingencias químicas. La mezcla de inundaciones y químicos ya es una realidad en las calles de Chetumal; el reto ahora es evitar que esta combinación se convierta en un desastre irreversible.
Por. A.G. Información. Revista de Estudios Latinoamericanos sobre Reducción del Riesgo de Desastres REDER.

