Investigadores de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) han documentado las profundas transformaciones ecológicas y climáticas que han moldeado la Península de Yucatán durante los últimos miles de años. El estudio revela cómo el paisaje actual es el resultado de una compleja interacción entre fenómenos globales y la actividad humana, factores que determinaron desde la expansión de las selvas hasta el auge y caída de la civilización maya.
De la aridez glacial a la expansión de las selvas
Durante el Pleistoceno (hasta hace 11,700 años), la región presentaba un escenario drásticamente distinto: el nivel del mar se encontraba unos 120 metros por debajo del actual y predominaban condiciones de extrema aridez. En este periodo, el paisaje no estaba cubierto por las selvas tropicales que conocemos hoy, sino por matorrales y sabanas adaptadas a la escasez de agua.

Con la llegada del Holoceno temprano, un calentamiento global permitió la reexpansión de las selvas y el establecimiento de sistemas acuáticos clave como la Laguna de Bacalar y el Río Hondo.
Los motores del clima: ITCZ y ENSO
El análisis destaca que la estabilidad de la región ha dependido históricamente de dos grandes forzamientos climáticos:
- La Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ): Una banda de lluvias que, al desplazarse hacia el norte, trajo humedad y permitió el desarrollo de cuerpos de agua permanentes.+1
- El Niño-Oscilación del Sur (ENSO): Este fenómeno comenzó a intensificarse en el Holoceno medio, generando una mayor variabilidad con alternancia de sequías severas y lluvias intensas.
El impacto en la civilización maya
El registro fósil muestra una relación directa entre el clima y el desarrollo social. Durante el Holoceno tardío, los periodos de mayor humedad facilitaron la agricultura y el auge del Periodo Clásico Maya. Sin embargo, esta prosperidad se vio interrumpida por sequías prolongadas entre los años 1,200 y 825 antes del presente, periodo que coincide con el colapso de las grandes ciudades mayas.+4
La investigación subraya que los antiguos pobladores no fueron sujetos pasivos; la adopción del maíz fue una estrategia deliberada para enfrentar tiempos climáticos adversos, dejando una huella de cambio de uso de suelo que aún es visible en los sedimentos fósiles.
Por A.G. Información. Aragón-Moreno, A. A., & Islebe, G. A. (2026). Paleoambientes en la península de Yucatán: historia climática y paleoecológica. Revista Facultad de Ciencias Biológicas UANL, 9(17), 76-82.

