Un reciente estudio realizado en el Instituto Nacional de Pediatría (INP) revela un cambio preocupante en el patrón epidemiológico de la Hepatitis A en México. Tradicionalmente considerada una enfermedad leve de la infancia temprana, la infección está afectando ahora a adolescentes y escolares con cuadros clínicos más severos, incluyendo casos de insuficiencia hepática aguda.
Un cambio en las reglas del juego
La investigación, que analizó expedientes clínicos del INP entre 2013 y 2023, destaca que México ha transitado de una endemicidad «alta» a una «intermedia». Este cambio significa que muchos niños ya no se infectan a edades muy tempranas —cuando la enfermedad suele ser asintomática—, llegando a la adolescencia sin inmunidad.
«El estudio mostró un predominio de casos en adolescentes, lo que refleja una falta de inmunización temprana y aumenta la posibilidad de tener un curso atípico de la infección», señala el documento.
Hallazgos clave y complicaciones
De los casos analizados que requirieron atención especializada:
- Insuficiencia Hepática: El 24% de los pacientes desarrolló insuficiencia hepática aguda, una complicación grave que requiere monitoreo constante.
- Síntomas Predominantes: La ictericia (coloración amarillenta de la piel) fue el signo más común, presente en el 97% de los afectados, seguida del vómito (88%) y el dolor abdominal (79%).
- Perfil de los afectados: Se observó una mayor frecuencia en mujeres (64.7%) y una procedencia mayoritaria de la Ciudad de México (76%).
La importancia de la vacunación
Los expertos concluyen que estos hallazgos subrayan la necesidad urgente de mantener y reforzar las políticas públicas de vacunación. Al no existir un tratamiento antiviral específico para el virus de la hepatitis A, la prevención mediante la higiene y la inmunización sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar complicaciones que pueden poner en riesgo la vida de los jóvenes.
El curso clínico de esta enfermedad en adolescentes ya no es siempre «autolimitado», y la aparición de variantes como la hepatitis colestásica o recurrente obliga a los médicos de primer contacto a estar en alerta máxima ante síntomas prodrómicos como fiebre, malestar general y anorexia.

