Lo que se perfilaba como el «regreso triunfal» de la economía japonesa tras décadas de estancamiento se ha convertido en un dolor de cabeza global. A finales del año pasado, el Banco de Japón (BoJ) dio un golpe de timón histórico al elevar las tasas de interés al 0.75%, su nivel más alto en 30 años. Sin embargo, en un giro que tiene a los analistas financieros rascándose la cabeza, el yen, lejos de fortalecerse, se ha desplomado a niveles críticos.
El «quiero y no puedo» del Banco de Japón
A diferencia de otros bancos centrales, el BoJ se ha visto lento y ambiguo. No hay una hoja de ruta clara para las próximas subidas, y esa falta de decisión le está pegando directo a la confianza de los inversionistas. En los mercados, la incertidumbre se paga caro.
Especulación: el yen en la mira
Los «tiburones» de Wall Street y el mercado de divisas sienten que todavía hay margen para ganar vendiendo yenes. Existe la percepción de que están en una «zona segura» para seguir apostando contra la moneda japonesa antes de que el gobierno de Tokio decida meter las manos e intervenir de verdad.
El gasto de Takaichi: ¿estímulo o veneno?
En el ámbito político, el gabinete de la Primera Ministra Sanae Takaichi está bajo la lupa. Su plan de gasto público masivo, aunque popular entre algunos sectores, es visto por los expertos como un riesgo innecesario para una deuda pública que ya es, de por sí, estratosférica. El mercado está castigando lo que considera una falta de disciplina fiscal.
El «efecto aspiradora» del dólar
Aunque la Reserva Federal en Estados Unidos ha comenzado a bajar sus tasas, lo hace con «pies de plomo». Mientras el dólar siga ofreciendo mejores rendimientos que el yen, el capital seguirá volando de Tokio hacia Nueva York, succionando toda la liquidez de la moneda japonesa.
Adiós al «refugio seguro»
Históricamente, cuando el mundo temblaba, los inversionistas corrían al yen. Hoy eso ha cambiado. Las tensiones con Rusia, las dos Coreas y la retórica sobre Taiwán han hecho que el yen pierda su corona de protección. Ante cualquier crisis regional, el mercado ahora prefiere refugiarse en el dólar.
Las consecuencias: un golpe a la economía real
Esta debilidad no es solo un tema de gráficas y números; tiene efectos reales:
- Inflación importada: El costo de vida en Japón sube más rápido que los subsidios gubernamentales.
- PyMEs contra las cuerdas: Al ser un país que importa casi toda su energía y materias primas, las pequeñas empresas ya no pueden absorber los costos y muchas están al borde de la quiebra.
- Efecto dominó: La inestabilidad del yen genera turbulencia en los flujos de capital internacionales, afectando la estabilidad financiera global.
¿Hacia dónde va Japón este 2026?
La Primera Ministra Takaichi se encuentra en una trampa económica. Si permite que las tasas suban agresivamente para salvar la moneda, el costo de la deuda nacional se vuelve impagable. Si las mantiene bajas para financiar su gobierno, el yen seguirá hundiéndose, pulverizando el poder de compra de la clase media japonesa.
Con el fantasma de los 160 yenes por dólar acechando (un nivel que ya provocó pánico en 2024), el 2026 se perfila como un año de decisiones amargas para el «Sol Naciente». Sin una disciplina fiscal estricta y una mejora en la diplomacia con China, cualquier intervención será, en el mejor de los casos, una curita para una herida que requiere cirugía mayor.atiza que la tensión diplomática con China es un factor económico directo. Si las empresas japonesas pierden terreno o confianza en su principal socio comercial debido a la retórica política, el atractivo de los activos japoneses (y por ende del yen) seguirá disminuyendo.
Por. A.G. Información. Huanqui.com

