Guerreros del 68

Por Sergio Lugo

Dedicado a Selin Salgado

El 2 de octubre de 1968, fueron asesinados alrededor de 350 estudiantes, en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México.

Los asesinos fueron los soldados y paramilitares (batallón Olimpia), enviados por los generales Marcelino García Barragán (abuelo de Omar García Harfuch), Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), junto a Luís Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial (EMP) cuyo jefe de ambos era el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, del PRI. Todos anti comunistas, autoritarios y demagogos.

Pero no solamente fue en 1968, la represión militar duró los seis años que gobernó Díaz Ordaz, de 1964 a 1970.

Se intensificó cuando el Presidente envío miles de soldados, bajo las órdenes de García Barragán, para exterminar pueblos enteros del estado de Guerrero, pues en 1967, se levantó en armas el profesor y guerrillero Lucio Cabañas, y en 1968, hizo lo propio, el también profesor y guerrillero Genaro Vázquez Rojas.

Díaz Ordaz y sus generales, odiaban a los médicos, a los jóvenes estudiantes, a los campesinos, a los rockeros y a los guerrilleros.

Recomiendo el libro «El movimiento de 1968», del autor Pablo Moctezuma Barragán, porque es una excelente crónica de cómo inició, se desarrolló y culminó esa lucha estudiantil (que también hubo protestas a nivel mundial). Él vendrá pronto a Quintana Roo porque lo invité a presentar su obra.

Debo recalcar que, en el movimiento de 1968, el gobierno del PRI mandó militares infiltrados entre los jóvenes, y cooptó a otros estudiantes, justamente para reventar al movimiento. Eso sucedió en Tlatelolco (cuando dispararon los provocadores), también en las asambleas en la UNAM e IPN y en las marchas.

Es una de las razones que soy desconfiado, cauteloso, y quizá hasta espía, porque no acepto las traiciones.

También he aprendido que en las guerrillas en Guerrero hubo delaciones que nos perjudicaron.

A veces, mi sexto sentido o intuición no me fallan, cuando veo a una persona que miente a título personal y/o en las organizaciones sociales.

Indudablemente, recomiendo la película «Rojo amanecer», del director Jorge Fons, de 1989, con los actores María Rojo y Héctor Bonilla, y los hermanos Bichir (todos de Izquierda). La cinta esquivó la censura de Carlos Salinas.

A María Rojo la conozco en persona desde hace unos 15 años, siempre le propuse rendirle un homenaje. Hablé con ella hace poco, y aceptó venir a Quintana Roo. Por cierto, ella vivió en Cozumel.

Un libro fundamental, es «La noche de Tlatelolco», de Elena Poniatowska. Tuve el privilegio de que hace varios años, yo me comunicaba de manera electrónica con Elenita, ella me regaló su libro autografiado y me lo envió hasta mi casa en Xochimilco, cuando yo vivía en CDMX. También quiero traerla al caribe mexicano para rendirle homenaje.

Nací en Guerrero y desde niños tenemos la pasión desbordada, en la vida diaria y en la política, varios guerrerenses participaron de alguna manera en 1968.

Antonio Velasco Piña nació en el municipio de Buena Vista de Cuéllar, Guerrero, escribió el libro «Regina, 2 de octubre no se olvida».

La joven protagonista de la novela, nos enseña a cómo despertar la conciencia del pueblo, mediante las marchas, la erupción de los volcanes, la energía de las pirámides y las campanas.

Y por medio del sacrificio y la muerte, porque para los mexicas, el tiempo es cíclico. En Tlatelolco, el Tlatoani Cuauhtémoc y los mexicas dieron la última batalla contra los españoles invasores, y en ese mismo lugar en 1968, hubo otra masacre, como que era necesario el sacrificio de Regina para despertar al pueblo.

Tuve la fortuna de conocer a Velasco Piña quien me autografió su libro, durante un homenaje en mi pueblo. Era un hombre sencillo y culto.

Mi paisana Ignacia «La Nacha» Rodriguez nació en Taxco, Guerrero. Es amiga de mi tía Lupita, desde que estudiaron juntas en la primaria.

La Nacha estuvo en la Facultad de Derecho, de la UNAM. Participó en el movimiento del 68, y fue detenida y torturada por los militares. Ahora tiene 82 años.

Cuando hablo por teléfono con ella, me da mucha paz, nos hablamos de nuestras vidas, como sí fuéramos adolescentes.

A pesar de su sufrimiento en el pasado, se escucha feliz. A ella siempre me la encontraba en las marchas en Tlatelolco.

También la invité a Quintana Roo y quiere venir con su amiga Amelia Escalante quién toca Trova. La Nacha es de las pocas sobrevivientes del 68 y quiero que la escuchen los jóvenes estudiantes, sobre todo las mujeres, porque gracias al 68 ahora hay más libertad.

Armando Lenin Salgado, nació en el municipio de Teloloapan, Guerrero, (aunque a veces decía que en Iguala). Fue de los mejores fotógrafos de 1968, varias de sus imágenes se publicaron en la revista «Por qué?» De Mario Menéndez.

De las más icónicas está el «Bazukazo» a la preparatoria 1 de San Ildefonso, UNAM. Otras, cuando las tanquetas se pasean por el zócalo, y cuando los militares toman las escuelas.

Así como las pintas: «MURO primer aviso», significaba que el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, de Derecha, católico y fascista estaba en la UNAM.

Otra rezaba: «Nuestro pueblo sufre Díaz de hambre y Ordáz de ladrones», en alusión al Presidente.

El 3 de octubre, en Tlatelolco, al día siguiente de la masacre, Salgado tomó dos fotos icónicas, una cuando un soldado está sentado en la iglesia y quizá pensativo, o cansado.

La otra son dos soldados de frente, uno está tocando algo con su bota, le pregunté a Armando qué era, me respondió: – una masa encefálica.

Armando Salgado luego fue torturado. En los últimos años de su vida, se aisló y se fue a vivir a una casa que construyó en Pilcaya, Guerrero. Ahí yo lo iba a visitar.

Por eso cuando hablo de Armando, lo menciono a los demás, como mi amigo, más que como fotógrafo.

Él me invitaba a comer y pasábamos horas platicando, me mostraba sus fotos que le tomó al guerrillero Genaro Vázquez, a los Halcones del 10 de junio de 1971, así como a los guerrilleros del ELN de Colombia.

Su hija Selin nos observaba, y desde ahí, ella sabe que me quedé atrapado en los años 60, como sí aún fuera un joven idealista y a veces inmaduro. También nos hicimos amigos.

Armando Salgado sufrió mucho con su cáncer de próstata, su hija Selin siempre lo cuidó, hasta que el fotógrafo falleció hace algunos años.

Selin heredó la sensibilidad y talento de su padre. A ella la considero mi hermana, pues me regaña y da consejos, porque sabe que mi pasión me lleva al límite de la locura.

De toda su familia, Selin es quien guarda y cuida los negativos del archivo fotográfico de su papá. De esa forma, mantiene viva la imagen de Salgado.

Selin intentó donar el archivo fotográfico al gobierno de López Obrador, para su resguardo y difusión, pero no se concretó, ahora quiero intentarlo con la Presidenta Claudia Sheinbaum, mediante mis camaradas Alejandro Encinas, Suárez del Real (él y Modesto Brito me ayudaron a reeditar su libro «Una vida de Guerra»), y Martí Batres.

Cuando realice los eventos culturales con la «Nacha» Rodríguez, María Rojo o Moctezuma Barragán, voy a proyectar las imágenes de Armando Salgado (con la ayuda del fotógrafo Rubén González), en homenaje a mi amigo fallecido, y en agradecimiento a mi estimada Selin Salgado. ¡2 de octubre no se olvida! ¡Ni perdón ni olvido!

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