En los últimos cuatro años, Quintana Roo ha experimentado una reducción en los índices de pobreza, lo que a simple vista parece un avance significativo. Sin embargo, un análisis más profundo revela que, si bien hay mejoras en algunos indicadores, persisten desafíos estructurales que requieren atención urgente para consolidar un desarrollo verdaderamente equitativo y sostenible.
En 2020, el 9.5% de la población de Quintana Roo se encontraba en pobreza extrema, mientras que el 44.8% vivía en situación de pobreza general. La pobreza moderada alcanzaba al 35.3% de la población, y los vulnerables por carencia social representaban el 26.1%, mientras que aquellos vulnerables por ingresos sumaban el 21.7%. Solo el 31.7% de la población no era ni pobre ni vulnerable.
Para 2024, la pobreza extrema disminuyó al 4.2%, la pobreza general se redujo al 27.0%, y la pobreza moderada cayó al 22.8%. Si bien el porcentaje de personas vulnerables por ingresos bajó al 6.0%, los vulnerables por carencia social aumentaron al 35.7%. Mientras tanto, el porcentaje de la población que no es ni pobre ni vulnerable se mantuvo estable en 31.4%.
Entre los factores que han influido en estos cambios se encuentra la reactivación del turismo y el empleo, ya que como principal actividad económica de Quintana Roo, el turismo ha sido clave en la recuperación económica, pero su dependencia sigue siendo un factor de riesgo ante crisis globales y fluctuaciones estacionales. Además, el aumento del salario mínimo ha mejorado la capacidad adquisitiva de muchas familias, aunque el alto costo de vida en la región aún representa un reto.
Los programas de bienestar han sido un factor importante en la reducción de la pobreza extrema, pero el mayor impulso provino del Gobierno Federal, que ha destinado la mayor inversión a programas sociales como pensiones, becas y subsidios. No obstante, el Gobierno Estatal ha complementado estas acciones con políticas locales de desarrollo social.
Si bien la gratuidad de los servicios de salud y educación es un derecho en México, la calidad y cobertura de los mismos sigue siendo desigual, afectando principalmente a comunidades marginadas. Aunque han existido esfuerzos por diversificar la economía, la dependencia del turismo sigue siendo alta, limitando el desarrollo de otras oportunidades económicas.
El papel del Gobierno Federal ha sido clave en la reducción de la pobreza, destinando una inversión histórica a programas de bienestar y elevando el salario mínimo a niveles nunca antes vistos. Sin embargo, el Gobierno Estatal ha jugado un papel complementario con iniciativas locales, aunque su impacto ha sido más limitado en comparación con el financiamiento federal.
A pesar de estas mejoras, los problemas estructurales como el acceso a vivienda y empleo formal siguen siendo grandes desafíos. La reducción de la pobreza extrema es un logro notable, pero la vulnerabilidad por carencias sociales ha aumentado, lo que evidencia que las mejoras no han sido uniformes para toda la población.
Si bien los datos reflejan avances en la reducción de la pobreza, la situación real del pueblo de Quintana Roo sigue marcada por desigualdades estructurales que aún no han sido resueltas. La transformación ha sido significativa, pero aún es lenta en comparación con las necesidades reales de la población. La clave para un cambio sostenible radica en la implementación de políticas económicas inclusivas, una mayor inversión en infraestructura social y un enfoque integral que no deje a nadie atrás en el camino hacia el bienestar.
Redactado por: José. A. García
Información: Gobierno de México.

